martes, 9 de junio de 2009

Cristo de nuevo crucificado, de Nikos Kazantzakis

Título original: Ο Χριστός ξανασταυρώνεται
Traducción: José Luís de Izquierdo Hernández
Ediciones Carlos Lohlé
541 páginas

En Licovrisí, una aldea de griegos bajo el dominio turco, se representa la Pasión de Cristo una vez cada siete años. Los sabios o notables eligen entre los habitantes del pueblo a aquellos a los que más identifican con cada personaje del Evangelio. En esta ocasión, al poco de haber repartido los papeles, llega un grupo de griegos harapientos cuyo pueblo fue arrasado por los turcos y buscan un lugar donde asentarse. Los mandatarios de Licovrisí, temerosos de la enfermedad que traen consigo y no queriendo compartir su riqueza de pueblo próspero los expulsan, pero aquellos no van muy lejos y se refugian en las cuevas de un monte cercano, el Sarakina.
La transmutación de los aldeanos elegidos como personajes bíblicos en los personajes que interpretan y defensores de los desterrados del Sarakina es un buen recurso que el autor explota para establecer paralelismos entre la historia del Evangelio y la de Licovrisí, proponiendo al lector un juego de similitudes que le resultan familiares y le guían a lo largo de todo el relato. Así Manolios, Michelis, Yannakos, Kostandis, Katerina y Panayoratos van metiéndose progresivamente en la piel respectiva de Cristo, Juan, Pedro, Santiago, Magdalena y Judas.
Los notables del pueblo son el Capitán Furtunas, el avaro empresario Ladas, El arconte Patriarqueas, el pope Grigoris y el maestro Hadji Nikolis. Y en representación del poder invasor que ahora es turco pero en su momento fue romano está el agá, un ser depravado que sólo vive para los placeres terrenales y ve divertido todas las desgracias que acaecen a sus súbditos griegos.

La llegada de los desarraigados es el punto de partida de unos acontecimientos que cambiarán profundamente la vida del pacífico pueblo y demostrará una vez más la certera cita de Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre. Y eso es algo que Kazantzakis sabía de sobra. Tuvo que ser muy observador para poder mostrar de la manera que lo hace el alma humana hasta en sus más oscuros recovecos. Sus personajes desbordan vida y credibilidad, siguiendo la estela del mítico Zorba, escrito dos años antes, creó personajes como el agá, Manolios o el pope Fotis de esta novela. Todos ellos profundamente humanos, aunque también exalta aquello que de animal tiene el hombre en cuanto a sus instintos, que se ven comparados una y otra vez a través de su comportamiento: la voracidad, la sexualidad, la defensa del propio territorio, todo encuentra su referencia en la vida animal que tanto debió entusiasmar al autor, no en vano dos de los más carismáticos protagonistas de la novela son animales, el burrito Yusufaki y el carnero Dassos. Se percibe un gran amor por la naturaleza, no sólo por los animales, también por los paisajes: casi cada capítulo tiene una breve introducción que describe los campos, el cambio de estaciones, deleitándose en los colores, los sonidos, transportándonos de un plumazo a aquellos terrenos tranquilos que rodeaban Licovrisí:
No faltan tampoco las referencias al pueblo griego como cultura, a su mitología e historia, así se menciona a Caronte, Apolo, Alejandro Magno... e incluso hay un personaje, una mujer llamada Penélope que teje calceta sin parar, aunque esta no espera a ningún Ulises sino que, simplemente, vive ajena a la realidad. Kazantzakis lo describe magistralmente:
La montaña exhalaba olor a menta y a tomillo; la noche se deslizaba azul y transparente. Muy de tarde en tarde se oía el ulular de algún ave nocturna y el atrapar orugas, ratones o escarabajos. Las estrellas esa noche se veían tan bajas que parecían suspendidas entre cielo y tierra.
Pero la interpelada zurcía, abismada en una beatitud y un entumecimiento supraterrestres; no oía nada; por un momento levantó la mirada, ni triste ni alegre, pero sin brillo. Esa mirada pareció atravesar la piel y los huesos del viejo Ladas y, detrás de éste, el muro de la casa, y después del muro, el camino, la aldea, la llanura y, más lejos todavía el monte Sarakina, y detrás del Sarakina, lejos, lejísimos, el mar; y más allá del mar, algo infinito, inmóvil, de un negro inquietante, la Nada. Ella bajó de nuevo los ojos a los calcetines y volvió a hacer calceta deprisa, cada vez más deprisa, para terminar a tiempo.


El estilo de Kazantzakis es sencillo, con abundancia de diálogos y descripciones, no quita que bajo la sencillez de su forma haya un fondo mucho más denso, una lectura que da lugar a una infinidad de reflexiones: ¿Cómo es la convivencia diaria entre pueblos que históricamente se odian tanto como son el turco y el griego? ¿No ha cambiado la codicia humana en casi dos siglos?, La llamada Iglesia cristiana, sea ortodoxa o católica, ¿tiene algo que ver con el Evangelio y con el mensaje que dio Jesucristo? ¿Fue Jesús el primer líder comunista?
Y es que la religión es un tema que el autor toca una y otra vez en sus novelas, siempre le interesó y así fue que surgieron libros como este o como La última tentación de Cristo, obra que saltó a la fama cuando Martín Scorsese la llevó al cine en 1988 aunque mucho antes, en 1957, ya había sido llevada a la pantalla la historia que nos ocupa de la mano de Jules Dassin y con el nombre de El que debe morir. Se puede decir que la religión fue una obsesión para Kazantzakis, en El jardín de las rocas incluso se atreve a hacer una incursión en Buda y el nirvana.
No es de extrañar que fuese excomulgado después de escribir unas novelas que ocultan una profunda crítica a las instituciones eclesiásticas y aportan una nueva visión del cristianismo que no debió gustar a los poderes de la Iglesia.

Cristo de nuevo crucificado es una historia redonda con gran carga dramática, acaba igual que empieza y, sin embargo, ha pasado de todo. Quizá quiera decir con esto el autor que no hay solución para el hombre, una y mil veces se crucificaría a Jesucristo, una y mil veces dejaríamos morir al vecino de hambre, mataríamos por codicia o traicionaríamos por celos... y sin embargo no se pierde la esperanza de que todas y cada una de esas veces haya un grupo de personas que se revelen, un grupo que remueva las conciencias, que se sacrifiquen por todos los demás y les rediman.

Si Cristo descendiese hoy a la tierra, a un mundo como este, ¿qué crees que llevaría sobre los hombros?, ¿una cruz? No, una lata de petróleo.

12 comentarios:

  1. También creo que detrás de su estilo aparentemente sencillo subyacen ideas y reflexiones muy profundas. Por lo que dices,
    esta novela debe ser interesantísima.

    Abrazos.

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  2. Si que es muy interesante, Andrómeda. Lástima que también sea tan desconocida que resulta hasta difícil encontrar el libro. :(

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  3. Después del susto que me diste comprobé que sí está en mi librería, en editorial Lumen.
    Increíble pero cierto... :)

    ¡Abrazos!

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  4. ¡Qué suerte! :D Aquí se encuentra pero sólo de segunda mano y en ediciones muy antiguas.

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  5. Por tu résumen parece muy muy interesante, me han dado ganas de comprarmela, nunca había oído hablar de ella....
    la pondre en mi lista
    Gracias!

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  6. Saludos desde Colombia. Felicitaciones por tu trabajo en el blog. Todas las reseñas son muy interesantes. Te dejo como blog amigo y te invito a visitar el mio que también es de reseñas de libros.

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  7. Sonia, me Alegro de que te animes con Kazantzakis. Merece la pena. ;)
    Pasión inútil, muchas gracias. Ya te he añadido a mis destinos favoritos.

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  8. que alguien escanee este libro, y lo deje que lo lea la humanidad, por cristo lo pido

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  9. Enorme autor injustamente olvidado. Kazantzakis fue sacerdote antes de convertirse en un hombre público y revolucionario.
    Leerlo siempre vale la pena.

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  10. Pues sí. Hay que reivindicarlo. XD

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