Editorial Lumen 
452 páginas
Lo que más me ha fascinado en este libro es el recurso de las aventis. ¿Y qué son las aventis? La palabra en sí parece prima de otra: aventuras en su acepción de suceso extraño o distinto de lo normal. En todo caso en esta novela las aventis son narraciones orales que, allá por los años 40, se contaban los chicos del barrio del Guinardó, en Barcelona, para entretenerse. En ellas se mezclan rumores que corrían por el barrio, noticias que salían en los periódicos, así como sucesos cotidianos. Los protagonistas podían ser gente conocida en aquella época, personajes inventados y los mismos chicos narradores de aventis.
De ahí la importancia que tiene la parte del libro que se basa en hechos verídicos. Para empezar toda la novela está inspirada en los recuerdos de posguerra del autor, no significa esto que sea autobiográfica, pero sí que, además del realismo que aporta la experiencia a la narración (no olvidemos que por aquel entonces Marsé tenía la edad de los chicos narradores de aventis), hay un conocimiento de primera mano de ciertos sucesos acaecidos en aquella época.
Así sucede con el asesinato a finales de la década de los cuarenta de Carmen Broto, una prostituta de lujo relacionada con hombres de altas esferas que fue brutalmente asesinada en un descampado de la calle Legalidad. Este hecho no sólo aparece como referencia, sino que impregna e influye en todo el libro, dando vida a otra Carmen, una mujer muy parecida a esta Carmen Broto real que, como ella, tiene procedencia humilde y que luego se empezó a relacionar con gente socialmente conocida por medio de la prostitución y acabó, asimismo, asesinada por turbios motivos que pudieron ser un robo de las joyas que lucía pródigamente, así como un modo de callar a la mujer que tanto sabía acerca de vicios y trampas de personas poderosas. No faltaron versiones en que la acusaban de confidente de la policía.
Hay otra mujer que se asemeja a las dos cármenes, la real y la ficticia, se trata de Aurora Nin, también llamada Ramona. En la trayectoria de su vida sus orígenes y su fin son similares, pero esta mujer, prostituta pobre y enferma está relacionada con la guerrilla anarquista, y su tío, Artemi Nin, asesinó en la guerra a uno de los miembros de la familia más poderosa y rica del barrio. De ahí que Ramona sea objeto de atención de diversas personas, victima de represalias, perseguida y acosada como la “puta roja”.
Estos son dos de los hilos argumentales de la novela, pero hay más. Y aunque se desarrollan en el mismo momento temporal -posguerra, años cuarenta- el hilo principal de la narración viene dado por un accidente de coche, 25 años después de estos hechos, es decir, ya en la década de los 60, en el que fallece Java, uno de los muchachos de la pandilla de Guinardó, y llevan los cadáveres de él y su familia al depósito de un Hospital donde uno de sus amigos (Ñito) trabaja de celador. Este hecho provoca en Ñito una avalancha de recuerdos de su adolescencia que justifica el resto de la narración volviendo a esa época posterior como punto de inflexión de la trama y toma de distancia que permite ver los hechos con el filtro de la lejanía y el recuerdo.
Entrelazado con las otras historias encontramos a la guerrilla urbana, miembros de diversos sindicatos y grupos de izquierdas que sufren la persecución, la represión y la tortura, que en principio no se rinden, siguen luchando o se esconden para no morir, pero que acaban traicionando sus ideales para convertirse en simples traficantes y rateros. Se hacen patentes los conflictos y la deslealtad entre las diferentes organizaciones y el caos y el miedo existentes en estos grupos no es más que el instinto de supervivencia ante lo inevitable: la instauración del nuevo régimen que extiende sus tentáculos a nivel público y privado, fortaleciéndose con la debilidad y la desilusión, cada vez mayor, de los vencidos. Paralelamente la historia del grupo de muchachos que sobreviven en las calles de Barcelona, viene estrechamente entrelazada con la de las células urbanas, pues estos no son otros que los padres y hermanos de aquellos. Así, en casa de Java vive su hermano escondido en el sótano, y Luís es hijo de Luís Lage, uno de los mayores exponentes del grupo de maquis que operaban en Barcelona. Dos generaciones de víctimas de la guerra y la posguerra.
Tan acertado como el resto del libro es el título, que es una frase del himno de la falange. Si te dicen que caí es un libro a la memoria de los caídos, los derrotados por la guerra, no los vencidos. Porque de un desastre de tal calibre como es una guerra civil todos son los derrotados. Así, podemos contemplar a lo largo de toda la novela la caída de todos los personajes, la degradación, la pérdida de moral. Y cuando casi al final del libro los chicos de la pandilla de Guinardó rehúsan escuchar una aventis que quiere contar otro de ellos no es más que un símbolo de otra caída: la pérdida de su inocencia, la poca que les quedaba. El mensaje no puede ser más desesperanzador ni, por desgracia, más realista.
No menos sugerente que el título es la estructura narrativa. Marsé crea un entramado de referencias dentro de la trama para ir conociendo a los personajes y sus circunstancias, con pequeños trucos para crear confusiones que luego se van aclarando, con saltos en los dos planos temporales, evitando supongo que de forma estudiada dar datos definitivos que nos sitúen en el tiempo y el espacio para crear una sensación de caos que sirve de base al mundo medio real medio fabulado de las aventis. Con un lenguaje de gran belleza y fuerza narrativa nos presenta un retrato de la Barcelona de posguerra, una narración salpicada de localismos (trinxes, meuca, cucs) que nos ayudan a ambientarnos y un erotismo sádico que recorre toda la novela en escenas de corte surrealista de gran impacto visual.

452 páginas
Lo que más me ha fascinado en este libro es el recurso de las aventis. ¿Y qué son las aventis? La palabra en sí parece prima de otra: aventuras en su acepción de suceso extraño o distinto de lo normal. En todo caso en esta novela las aventis son narraciones orales que, allá por los años 40, se contaban los chicos del barrio del Guinardó, en Barcelona, para entretenerse. En ellas se mezclan rumores que corrían por el barrio, noticias que salían en los periódicos, así como sucesos cotidianos. Los protagonistas podían ser gente conocida en aquella época, personajes inventados y los mismos chicos narradores de aventis.
De ahí la importancia que tiene la parte del libro que se basa en hechos verídicos. Para empezar toda la novela está inspirada en los recuerdos de posguerra del autor, no significa esto que sea autobiográfica, pero sí que, además del realismo que aporta la experiencia a la narración (no olvidemos que por aquel entonces Marsé tenía la edad de los chicos narradores de aventis), hay un conocimiento de primera mano de ciertos sucesos acaecidos en aquella época.
Así sucede con el asesinato a finales de la década de los cuarenta de Carmen Broto, una prostituta de lujo relacionada con hombres de altas esferas que fue brutalmente asesinada en un descampado de la calle Legalidad. Este hecho no sólo aparece como referencia, sino que impregna e influye en todo el libro, dando vida a otra Carmen, una mujer muy parecida a esta Carmen Broto real que, como ella, tiene procedencia humilde y que luego se empezó a relacionar con gente socialmente conocida por medio de la prostitución y acabó, asimismo, asesinada por turbios motivos que pudieron ser un robo de las joyas que lucía pródigamente, así como un modo de callar a la mujer que tanto sabía acerca de vicios y trampas de personas poderosas. No faltaron versiones en que la acusaban de confidente de la policía.
Hay otra mujer que se asemeja a las dos cármenes, la real y la ficticia, se trata de Aurora Nin, también llamada Ramona. En la trayectoria de su vida sus orígenes y su fin son similares, pero esta mujer, prostituta pobre y enferma está relacionada con la guerrilla anarquista, y su tío, Artemi Nin, asesinó en la guerra a uno de los miembros de la familia más poderosa y rica del barrio. De ahí que Ramona sea objeto de atención de diversas personas, victima de represalias, perseguida y acosada como la “puta roja”.
Estos son dos de los hilos argumentales de la novela, pero hay más. Y aunque se desarrollan en el mismo momento temporal -posguerra, años cuarenta- el hilo principal de la narración viene dado por un accidente de coche, 25 años después de estos hechos, es decir, ya en la década de los 60, en el que fallece Java, uno de los muchachos de la pandilla de Guinardó, y llevan los cadáveres de él y su familia al depósito de un Hospital donde uno de sus amigos (Ñito) trabaja de celador. Este hecho provoca en Ñito una avalancha de recuerdos de su adolescencia que justifica el resto de la narración volviendo a esa época posterior como punto de inflexión de la trama y toma de distancia que permite ver los hechos con el filtro de la lejanía y el recuerdo.
Entrelazado con las otras historias encontramos a la guerrilla urbana, miembros de diversos sindicatos y grupos de izquierdas que sufren la persecución, la represión y la tortura, que en principio no se rinden, siguen luchando o se esconden para no morir, pero que acaban traicionando sus ideales para convertirse en simples traficantes y rateros. Se hacen patentes los conflictos y la deslealtad entre las diferentes organizaciones y el caos y el miedo existentes en estos grupos no es más que el instinto de supervivencia ante lo inevitable: la instauración del nuevo régimen que extiende sus tentáculos a nivel público y privado, fortaleciéndose con la debilidad y la desilusión, cada vez mayor, de los vencidos. Paralelamente la historia del grupo de muchachos que sobreviven en las calles de Barcelona, viene estrechamente entrelazada con la de las células urbanas, pues estos no son otros que los padres y hermanos de aquellos. Así, en casa de Java vive su hermano escondido en el sótano, y Luís es hijo de Luís Lage, uno de los mayores exponentes del grupo de maquis que operaban en Barcelona. Dos generaciones de víctimas de la guerra y la posguerra.
Tan acertado como el resto del libro es el título, que es una frase del himno de la falange. Si te dicen que caí es un libro a la memoria de los caídos, los derrotados por la guerra, no los vencidos. Porque de un desastre de tal calibre como es una guerra civil todos son los derrotados. Así, podemos contemplar a lo largo de toda la novela la caída de todos los personajes, la degradación, la pérdida de moral. Y cuando casi al final del libro los chicos de la pandilla de Guinardó rehúsan escuchar una aventis que quiere contar otro de ellos no es más que un símbolo de otra caída: la pérdida de su inocencia, la poca que les quedaba. El mensaje no puede ser más desesperanzador ni, por desgracia, más realista.
No menos sugerente que el título es la estructura narrativa. Marsé crea un entramado de referencias dentro de la trama para ir conociendo a los personajes y sus circunstancias, con pequeños trucos para crear confusiones que luego se van aclarando, con saltos en los dos planos temporales, evitando supongo que de forma estudiada dar datos definitivos que nos sitúen en el tiempo y el espacio para crear una sensación de caos que sirve de base al mundo medio real medio fabulado de las aventis. Con un lenguaje de gran belleza y fuerza narrativa nos presenta un retrato de la Barcelona de posguerra, una narración salpicada de localismos (trinxes, meuca, cucs) que nos ayudan a ambientarnos y un erotismo sádico que recorre toda la novela en escenas de corte surrealista de gran impacto visual.
Un libro terrible y a la vez bellísimo. Una historia para leer más de una vez y disfrutar del complejo entramado de su argumento, de la crudeza de sus historias, del gancho de sus personajes, de la confusión de sus páginas, de lo difícil que resulta separar lo verídico de lo que no lo es. Por que de lo que no cabe duda es de que esta novela, toda ella, es una gran aventi.
“Y habló Ñito de frías tardes invernales sumergidos en el tibio mar de tebeos y periódicos de acre olor, en la trapería de Java, alrededor de Sarnita y de su voz agazapada, revieja, abyecta y reverencial contando aventis: una cabeza rapada que lucía costras empolvadas de azufre como rabiosas moscas verdes, unas endiabladas manos tiñosas, una hermosa navaja de mango anacarado.”





