domingo, 19 de enero de 2014

Cuaderno de bitácora 2014

1* La playa, de Cesare Pavese. No sabía cuando lo empecé que era un libro de relatos. Estos son: La playa, El mar, La ciudad, Chaqueta de cuero, Primer amor e Historia íntima.
Me han gustado aunque sin entusiasmarme. Considero que es tan evocador de ciertas épocas de la vida y también de la playa y las vacaciones (sobretodo en el relato que da título al libro) que, ¿a quién le amarga un dulce?

2* El lazarillo de Tormes, de autor anónimo. Una delicia. A pesar de que hay frases que no se entienden bien por ser castellano antiguo y utilizar palabras que ya no existen, lo que sucede se comprende en todo momento a través del contexto. Una novela muy dura que ojalá fuese algo más larga porque, personalmente, me deja con la miel en los labios por saber más sobre esa sociedad española en el siglo XVI, vista a través de los ojos de un niño inteligente y de buen corazón.

3* Los lobos, de Hans Hellmut Kirst. Esta novela es una sátira de los años del III Reich en un pueblo de Prusia, con humor negro y situaciones bastante cómicas el bien (encarnado en la figura de Alfons Materna y algunos otros) se enfrenta al mal (todos los afines al partido nacional-socialista, viciosos y corruptos) con estrategias que cada uno elabora para salirse con la suya. El libro podría estar mejor si no repitiesen una y otra vez idénticas situaciones.

4* Un saco de canicas, de Joseph Joffo. Un libro juvenil apropiado para iniciar a los más jóvenes en el tema del Holocausto: trata el tema correctamente, denuncia la masacre nazi y el colaboracionismo francés sin resultar muy escabroso.

5* Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares. Me gusta la estructura, me gusta el capítulo final, me gusta la idea de ir desgranando el pasado en una noche de San Lorenzo de una forma intimista y cercana. Pero no he logrado empatizar con este protagonista tan melancólico que incide exageradamente en traer a colación antiguas amantes y lugares donde ha vivido a falta de una reflexión más profunda de sus vivencias.

6* Las benévolas, de Jonathan Littell. Creo que es una gran novela histórica sobre el Holocausto visto desde dentro, de la propia organización del Reich, encarnada en el personaje de Max Aue, un libro ambicioso que abarca lugares y momentos históricos cruciales (Las matanzas de Babi Yar, los últimos días de Stalingrado, Auschwitz, la caída de Berlín entre otros) y que es capaz de ambientarlo y describirlo con gran calidad y precisión.
También he encontrado defectos, casi todos en el personaje de Max. Me hubiera gustado que fuese distinto y Littell no se empeñara tanto de enrarecerlo y hacerlo desagradable, pero las cosas son como son. Me quedo con todo lo bueno, que es mucho, que ofrece esta gran novela.

7* Baila, baila, baila, de Haruki Murakami. Tiene ese ingrediente de fascinación que encuentro en todos los libros de Murakami pero encuentro que la historia flojea, sobretodo al final. O no me he enterado bien o hay cabos que quedan sueltos. En cualquier caso no me ha parecido tan satisfactoria como otras novelas que he leído de él.

8* El amor de Erika Ewald, de Stefan Zweig. Siempre digo que Zweig, a pesar de ser un estupendo escritor de relatos, gana en los relatos largos: las novelas. No quita para que resulte una maravilla leer de vez en cuando alguno de sus relatos, todos de gran calidad.

9* Austerlitz, de W.G. Sebald. Con este libro he descubierto a Sebald y doy mil gracias a los cielos literarios. Si todas sus novelas son tan buenas como Austerlitz he descubierto un filón. La manera en que te envuelve y te cuenta una historia sobrecogedora, en un juego de voces narrativas maravilloso, utilizando recursos de reportaje (encontraréis fotos ilustrativas de lo que va contando) para narrar una historia ficticia. Y la historia en sí, esa denuncia del desarraigo que tuvieron que sufrir (y encima como mal menor, otros murieron) muchos judíos durante el Holocausto, personificada en un personaje inolvidable: Jacques Austerlitz. Totalmente recomendable.

10* Shosha, de Isaac Basheevis Singer. Singer retrata estupendamente la comunidad judía de Varsovia en los años anteriores a la ocupación nazi. El argumento en sí no tiene gran aliciente y da la sensación de que el autor concede a su personaje masculino el harén que quizá soñaba para él (un hombre con múltiples amantes, todas bien dispuestas), pero lo doy por bueno porque nos permite conocer personajes variados e interesantes y, como ya he dicho, retrata muy bien la vida de los judíos de Varsovia.

11* Por el camino de Swann, de Marcel Proust. Me alegro de haber leído a Proust por fin, y de haberme sumergido con él en el puro recuerdo a través del regalo de los sentidos (si, me refiero a la escena de la magdalena). Ha sido un auténtico placer sentir la nostalgia del tiempo de la infancia y una gran inmersión emocional revivir los amores de Swann, de tan bien como está descrita su evolución: nunca había visto tan bien narrado el pesar de los celos y el amor no correspondido.

12* Sefarad, de Antonio Muñoz Molina. Un grupo de historias que analizan el desarraigo en sus más diversas variantes, la lucha y el sufrimiento del que pierde sus raíces, la vida de personas que han ido y venido por el mundo buscando un nuevo futuro o huyendo de la pobreza, la persecución y la muerte.
El destino por antonomasia del pueblo judío, pero también el destino de muchos otros hombres y mujeres que nunca encontraron un lugar propio.

13* El pájaro pintado, de Jerzy Kosinski. La idea es buena: el punto de vista de los niños en cuanto a conflictos de los mayores ofrece una perspectiva siempre interesante. Y más si el niño es una víctima de la persecución de judíos y gitanos durante la segunda guerra mundial (aunque él no sea ni lo uno ni lo otro todo el mundo lo cree por su aspecto).
Como la mayor parte de sus andaduras ocurren en las zonas rurales de Polonia tenemos ocasión de conocer a los campesinos de aquella zona, y en esto creo que Kosinski no ha sido muy objetivo: los pinta a todos como racistas, antisemitas, crueles, sádicos y depravados sexuales. No existe la compasión en ninguno de ellos, como mucho la indiferencia. Y no resulta creíble. No me extraña que en su país le odiaran tanto después de esta novela.
Tampoco veo necesarias muchas de las escenas repulsivas que se nos ofrecen, aunque sí considero un acierto el título del libro, la idea que plasma y que se descubre a lo largo de la lectura.

14* La cena, de Herman Koch. Esta novela se inspira en unos sucesos ocurridos en Barcelona hace unos años: unos jóvenes de buena familia tiraron basura a una mendiga que dormía en un cajero, prendieron fuego y la asesinaron. En el libro todo esto sucede en Holanda, los chicos son primos pues sus padres son hermanos. Uno de los padres es un político muy popular, candidato a unas próximas elecciones. Ambas parejas se reúnen en un restaurante para hablar de cómo abordar el problema mientras cenan.
El estilo mordaz del narrador, sus observaciones audaces, su modo de narrar, de ir y venir en el tiempo para que conozcamos los hechos y a los personajes me han parecido estupendos. Realmente es un buen libro, que engancha y provoca la reflexión. Hay algo que no me gusta en el desarrollo de la trama pero tampoco quiero destripar algo importante a quien no lo haya leído. En cualquier caso, recomendable.

15* Bartleby el escribiente, de Herman Melville. Un relato curioso sobre un hombre más curioso todavía: imposible empatizar con Bartleby y, sin embargo, dan ganas de protegerlo, de entenderlo. Porque es un personaje encapsulado, con un comportamiento anormal, absurdo que se escapa de lo inteligible y que el autor tampoco se esfuerza por que entendamos, nos lo muestra estrictamente desde fuera, y desde fuera el escribiente es un hombre que abandona la vida poco a poco.

16* El guardián invisible (Trilogía del Baztán 1), de Dolores Redondo. Los libros de asesinatos e investigaciones policíacas no son lo mío pero me acerqué a este por otra razón que no viene al caso y acabé enganchada como hace años no me engancha un libro. No es buena literatura pero entretiene y está bien hilado, que no es poco. Y el entorno mágico de los bosques de Elizondo y su mitología le prestan mucho encanto. 

17* El silencio de las hayas, de Mikel Alvira. Me atrajo mucho esta saga familiar que comienza a principios de siglo pasado en un pueblo fronterizo con Francia. El principio de la historia me sedujo, pero luego fui perdiendo interés debido a la falta de profundidad de los personajes: no me creía nada de lo que leía. Remonta algo en su última parte pero imposible salvar la novela. A pesar de esto creo que es una historia interesante, sobre una época y un lugar que pueden resultar atractivos para el lector y con algunos personajes que podrían haber dado mucho de sí.

18* Guerra y paz, de Liev Tolstoi. Es LA NOVELA. Poco más puedo añadir a eso. Había leído Anna Karenina y me gustó, pero esta la ha superado. Creo que es uno de esos libros imprescindibles que todos deberíamos leer.

19* Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot. El autor es un veterinario inglés que empezó a ejercer en los años 30 del siglo pasado en un pueblo de Yorkshire y nos relata las anécdotas que le fueron aconteciendo en forma de capítulos cortos. Una lectura deliciosa, costumbrista y llena de humor.

20* El sol de los Scorta, de Laurent Gaudé. Novela con grandes aciertos, como el hecho de estar bien escrita y evocar muy bien esa tierra del sur de Italia: campos bajo un sol luminoso e inclemente. Pero me ha defraudado -y mucho- la construcción de personajes. Si no entiendo sus motivaciones, por qué el malo es tan malo o en un momento de la narración uno de los protagonistas hace algo decisivo, me resulta muy difícil disfrutar de un relato.

21* El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani. Maravillosa novela ubicada en Ferrara, Italia, a finales de la década de los años 30, cuando el antisemitismo se empieza a hacer patente en la sociedad italiana y cómo esto se refleja en concreto en la burguesía judía del momento. Es además una historia de amor y una evocadora recreación de un lugar y una época que me ha dejado completamente cautivada.

22* La subasta del lote 49, de Thomas Pynchon. Primer y último libro que leo de él. Me ha costado mucho terminarlo y no he disfrutado en absoluto su lectura, al margen de algunos pasajes de humor extravagante. No le he encontrado sentido, y he estado todo el tiempo perdida entre personajes absurdos en un argumento que tampoco me llamaba mucho la atención.
No resto méritos a Pynchon pero esta claro que este tipo de literatura no es para mí.

23* La vida ante sí, de Romain Gary. Crudísima y tierna historia de un niño llamado Mohamed, que vive en el barrio parisino de Belleville, con la señora Rosa, una mujer que cuida a cambio de dinero a niños hijos de prostitutas. Las vivencias de Momo, su afilada inteligencia para interpretar los sucesos que le rodean, el humor triste que se desgrana en cada página, hacen de esta novela una lectura impactante que invita a la reflexión.

24* Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Pura arquitectura literaria. He quedado maravillada con la construcción del personaje central y su época a través del testimonio de muchos y variados personajes que aportan pequeñas historias formando un gran mosaico.
Es un relato de una gran fuerza que encuentra su génesis en un grupo de poetas nacidos en los años 20 (en concreto su fundadora, Cesarea Tinajero) cuyo espíritu renace en la figura de Arturo Belano, Ulises Lima, María Font y otros, y que nos permite deslizarnos por la bohemia mexicana de los años 60 y 70.

25* Cuerda de presos, de Tomás Salvador. En 1879 dos guardias civiles llevan a un asesino múltiple apodado Sacamantecas desde Murias de Paredes (León) a Vitoria, donde el preso es requerido por el juez para darle muerte mediante garrote vil. El traslado se hace a pie y las penalidades que sufren los tres durante los once días que dura el viaje se nos relatan en esta novela, magistralmente narrada, que refleja en parte la España rural de fin de siglo, especialmente la de aquellos que andaban por sus caminos.
Creo que Tomás Salvador es un gran autor injustamente olvidado.

26* El huérfano, de Adam Johnson.

martes, 7 de mayo de 2013

Cuaderno de bitácora 2013

1* La bodega, de Vicente Blasco Ibáñez. Certera y bien ambientada recreación del antagonismo entre jornaleros y señoritos en Jeréz a fines de siglo XIX.

2* Los desorientados, de Amin Maalouf. Un libro muy emotivo sobre la amistad que, además, consigue hacernos reflexionar sobre el exilio y las relaciones entre occidente y el mundo árabe, entre otros temas.

3* El camino, de Miguel Delibes. Es una novela tan enternecedora como divertida que nos lleva de la mano al paraíso perdido de la infancia.

4* El estercolero, de Aleksandr Kuprin. La vejación de la vida en un burdel, la trata de blancas... sorprende lo actual que resulta su lectura. Excelente la pluma de Kuprin, a la altura del resto de genios rusos.

5* Los habitantes del bosque, de Thomas Hardy. Preciosa historia que nos sumerge en un lugar y una época muy diferente a la actual y sin embargo consigue hacerse cercana y que la vivamos intensamente porque las pasiones... no saben de tiempo ni de espacio.

6* Elegía, de Philip Roth. La muerte está presente en cada uno de los días de nuestra vida, no hay escapatoria y, llegado el momento, hacemos un repaso del pasado... para acabar entregándonos a lo ineludible. Una novela triste pero llena de fuerza y bien relatada.

7* La herencia de Eszter, de Sandor Marai. Otra estupenda novela de este gran autor: intimista, introspectiva y con una excelente caracterización de personajes. El carácter tan fascinante de Lajos resulta un tanto irreal pero sí creo que hay personas que se acercan a tener esa personalidad subyugadora.

8* La tierra, de Émile Zola. Tremenda descripción de la vida y la forma de ser de los campesinos de la beaucé francesa a fines de siglo XIX. Sacude por dentro tanto como fascina el relato de este excepcional autor.

9* Viaje de invierno, de Amelie Nothomb. Impactante historia de amor muy al estilo de esta autora: muy efectista, algo sorprendente y con algunas reflexiones interesantes. No hay mucho más que rascar.

10* El dios de la lluvia llora sobre México, de László Passuth. Excelente recreación de la conquista de México por Hernán Cortés. Algo irregular en su estructura, no me ha gustado la subjetividad con que trata a algunos de sus personajes pero me ha encantado como está escrita, con pasajes realmente poéticos y emotivos.

11* La azucena roja, de Anatole France. El arte y el amor se dan de la mano en este drama romántico cuyo título se ha inspirado en el símbolo de Florencia, lugar repleto de arte y belleza donde transcurre gran parte de la acción.

12* Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Magnífica novela (otra más) de Marsé. Sensual, irónica, una interesante crónica de la Barcelona de posguerra y de los amores entre distintas clases sociales, un personaje atractivo y casi humano que se ha quedado en mi corazón: el pijoaparte.

13* Los tejones, de Leonid Leónov. En los comienzos del nuevo orden en Rusia, tras la caída de los zares, un grupo de mujics, que se sintieron expoliados por las recaudaciones de productos del campo, se amotinaron: se atrincheraron en el interior de un espeso bosque resistiéndose a las autoridades, haciendo sus casas en la tierra arenosa que allí había, como los tejones que ocupaban aquel lugar. De ahí el nombre por el que fueron conocidos: los tejones.
Una interesante novela de un autor desconocido aquí.

14* La huida de Morgan, de Colleen MacCullough. Conmovedora historia ambientada en los inicios de la colonización de Australia (y en concreto de la isla de Norfolk) por convictos británicos. Un tema interesante sobre el que quiero seguir leyendo y una autora muy documentada y hábil en el oficio de escribir.

15* El crucero de la chatarra rodante, de Francis Scott FitzGerald. El autor y su mujer, Zelda, deciden partir desde Nueva York hacia Alabama (tierra natal de ella) con la excusa de comer galletas y melocotones. Lo hacen en su automóvil Expenso, de quien todos dicen no será capaz de llegar a su destino. Las situaciones cómicas, el buen humor de la pareja y la excelente pluma de Fitzgerald hacen de este corto librito un excelente compañero en momentos en que necesitamos un poco de humor.

16* El amor de un hombre de cincuenta años, de Anthony Trollope. Una novela victoriana muy sencillita pero que recoge una gran variedad de emociones que te hacen vibrar al leerlo. Un trío amoroso cuya solución pende de un hilo hasta el final.

17* La buena novela, de Laurence Cossé. Metaliteratura en estado puro, para todo aquel que se puedan sentir identificado con ese sueño de la existencia de una librería que distinga entre la literatura de calidad y las montañas de libros que nada tienen que ver con el verdadero talento. Una trama de novela negra y muchas referencias a libros y escritores, al deseo de leer, el mundo editorial y todo aquello que rodea a la afición por la lectura.

18* Kafka en la orilla, de Haruki Murakami. Impactante novela. Había leído Tokio blues, de corte realista y no sospechaba con lo que me iba a encontrar. Me he visto envuelta en una trama fascinante, con personajes de lo más atractivo y una serie de hechos que no se si denominar paranormales, subrealistas, oníricos... pero que me han dejado fascinada. Tiene un argumento extraño, que no se si he entendido bien, pero si se de cierto que me ha transmitido muchas sensaciones, que me ha enganchado de principio a fin y que adoro a ese personaje -casi angelical- llamado Nakata.

19* La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza. Combinando sucesos reales y ficticios el autor consigue hacer un muy bien documentado retrato de Barcelona en el periodo situado entre las dos exposiciones universales (1888-1929), años que supusieron un punto de inflexión para el crecimiento y la modernización de la ciudad. Personajes estrafalarios, algunos toques fantásticos y otros de humor negro -amén de abundante información histórica- hacen el relato ameno e interesante.

20* Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh. Estupendo drama en el ambiente de la alta sociedad británica de entreguerras, cuyo centro es la familia de Sebastian Flyte (sus padres separados, su hermano y sus dos hermanas), los convencionales y a la vez peculiares habitantes de Brideshead.
La narración es exquisita y envolvente, la historia fascinante y la crítica al catolicismo demoledora. Que cada uno se quede con el aspecto que más le guste.

21* Viento del norte, de Elena Quiroga. Es... casi perfecta: una narración clásica, una inmersión en tierras gallegas (en el fondo y en la forma)... una novela bien estructurada con personajes de esos inolvidables que te calan hondo.
Elena Quiroga hace un análisis asombroso de las motivaciones humanas y consigue que sientas el libro en las entrañas, algo bastante difícil, a mi entender. Aunque personalmente hubiera preferido sentir algo menos el libro y que hubiese menos de dramatismo, puesto que el que hay me parece excesivo.

22* Memorias del subsuelo, de Fedor Dostoievski. El genio ruso crea para nosotros el perfecto antihéroe, un hombre atormentado, mezquino, soberbio, orgulloso, cruel... Aunque me parece una obra menor merece la pena siempre explorar el alma humana de la mano de este autor.

23* Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier. Interesante novela en torno a la figura de un hombre: Amadeu Prado, médico, escritor y miembro de la resistencia contra Salazar. Mediante sus textos, que aparecen diseminados por toda la novela, y el testimonio de los que le trataron llegamos a conocerle bastante. Recomendable para los que amamos Portugal, aunque a ratos resulta un poco largo por repetitivo.

24* Conversación en La catedral, de Mario Vargas Llosa. Uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Este autor me hipnotiza, me conmueve, me transporta... no tengo palabras para describir lo mucho que disfruto sus libros y cuanto admiro su genialidad a la hora de escribir. ¡Chapeau, querido Mario!

25* Retorno a Howards End, de Edward Morgan Forster. Deliciosa, como todas las novelas de Forster, con un personaje central (Margaret) que parece bastante evolucionado para su época y una locuela encantadora (su hermana Helen) que nos gana el corazón.

26* A sangre fría, de Truman Capote. Excelente recreación de un crimen ocurrido en un pueblo de Kansas en 1959. El crimen es despreciable y espeluznante (no muy diferente de tantos otros) pero Capote, con su maravillosa manera de narrar y la profundidad de sus investigaciones lo convierte en obra de arte.

27* Los Maia, de Jose Maria Eça de Queiros. ¿Qué se puede decir de Eça de Queiros? Hablar de lo bien que escribe no es hacerle suficiente justicia, porque no es sólo que escriba bien: es que sus personajes encarnan vida, su Lisboa se siente y se huele y de su pluma conocemos el Portugal decimonónico y aristocrático de la mano de personajes que nos roban el corazón, como Afonso da Maia. Si con El primo Basilio me conquistó con Los Maia queda entre mis escritores favoritos.

28* La casa del Callejón, de María Messina. Breve e intensa novelita de esta casi desconocida autora siciliana. Un relato con destellos líricos y una profunda amargura para describir la vida de dos hermanas en la Sicilia de principios de siglo pasado, donde el papel de las mujeres era el de meras sirvientas del hombre, abocadas la gran mayoría de ellas al encierro, la maternidad, la ignorancia y la sumisión.

29* Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal. Un aprendiz de factor en la estación de trenes de una ciudad checa puede tener una visión interesante de la invasión alemana. No he empatizado mucho con el personaje ni con lo que cuenta en general pero reconozco el mérito de la novela: está bien escrita y tiene unos toques de humor muy divertidos.

30* El corazón helado, de Almudena Grandes. Estupenda novela de esta maravillosa escritora a la que tanto admiro. Posee una trama bien elaborada que no deja ni un cabo suelto, unos protagonistas atractivos con los que se simpatiza enseguida y es, además, un interesante ejercicio de memoria sobre los exiliados republicanos de la guerra civil. 
Lo encuentro un poco repetitivo en el sentido de que machaca mucho sobre los mismos conceptos y sentimientos, y eso alarga demasiado la novela y a mí me cansa a ratos, pero el balance general es muy positivo.

31* Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Es la segunda novela que leo de este autor y he vuelto a quedarme prendada de sus personajes y los ambientes que sabe crear y que envuelven conforme se avanza en la lectura. Nadie como Joe para encarnar la fidelidad y la nobleza, o como la señorita Havisham para aportar un toque inquietante al relato.
¡Qué grande es Dickens!

32* La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina. Creo que con esta novela el autor se ha superado a sí mismo, ha hecho una labor enorme y muy valiosa de documentación y ambientación en un momento histórico que personalmente me parece muy interesante. Es un escrito largo y muy trabajado, con una estructura de idas y venidas en el tiempo paralelas al pensamiento del personaje que no me parece nada fácil de llevar a cabo. Además Muñoz Molina escribe muy bien, maneja los adjetivos como nadie y resulta tan evocador... que es imposible no volver sobre alguno de sus párrafos para leerlos de nuevo. Una maravilla de lectura, que nadie se asuste por sus más de 900 páginas porque todas y cada una se leen con gusto y merecen la pena.

33* Los cipreses creen en dios (Guerra civil española 1/4), de José María Gironella. Una buena novela de un autor al que jamás había leído. Pretende ser una imagen de lo que ocurrió en España durante la segunda república ciñéndose geográficamente a la ciudad de Gerona, y a unos personajes que pueden resultar representativos: la familia Alvear. El relato comienza presentando a esta entrañable familia compuesta por padre, madre (Matías y Carmen) y tres hijos (Ignacio, César y Pilar) para luego ir abriéndose al resto de la comunidad y presentarnos las tensiones sociales y las distintas tendencias políticas desde los años en que aún se disfrutaba de paz y de una relativa normalidad hasta el desencadenamiento de la guerra.

 34* El vizconde demediado (Trilogía de nuestros antespasados 1), de Italo Calvino. Una fábula llena de imaginación donde se cuestiona, no sin humor e ironía, la misma esencia de la naturaleza humana. Nuestra capacidad para el bien y para el mal y la imposibilidad de que seamos netamente lo uno o lo otro. Para bien, creo.

35* La librería ambulante, de Christopher Morley. Helen es granjera, vive con su hermano y se dedica a trabajar todo el día mientras su hermano, por su oficio de escritor, se va por temporadas a buscar inspiración. Pero un día Helen encuentra la oportunidad de vivir sus propias aventuras.
Una novelita amena y agradable de leer, ideal para intercalar con otras lecturas más densas.

36* El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias. Dicen que fue la primera de las denominadas "novelas de dictador". A mí me ha parecido un relato tremendo y brillantemente escrito de los mecanismos ocultos que avalan la pervivencia de cualquier régimen autoritario: la mentira, el terror, la tortura y la muerte de disidentes e inocentes.

37* El hijo del hijo pródigo (Trilogía Destellos en el abismo 1), de Soma Morgenstern. Es una novela interesante y bien escrita, que nos permite conocer de cerca la sociedad judía centroeuropea de antes del holocausto.

38* En la orilla, de Rafael Chirbes. Realista y corrosiva mirada a la actualidad de nuestro país desde el punto de vista de un hombre de 70 años, afincado en un pueblo levantino, que acaba arruinado por una mala inversión y da un repaso profundamente pesimista y desolador tanto a su vida como a la realidad que la envuelve: sociedad, familia, amigos, amores, el trasfondo materialista e interesado de cualquier relación en cualquier ámbito... nada escapa a la mirada hipercrítica del protagonista y a su lenguaje directo y mordaz, conmoviéndonos hasta lo más hondo porque al fin todas sus reflexiones no dejan de ser la cruda realidad de todos hoy por hoy.

39* Las hermanas Grimes, de Richard Yates. Grimes no se extiende con descripciones innecesarias, relata sus historias de una manera sencilla y directa, sin ambages, quizá por ello logra calar tan hondo en el lector. Por ello y porque trata temas universales que a todos atañen: el paso del tiempo, la soledad, la tristeza de las relaciones fallidas... en esta novela las dos hermanas Grimes, Sarah y Emily, escogen dos tipos de vida diferentes, dentro del entorno de los años 40 y 50 en Estados Unidos: una se casa y forma una familia y la otra se convierte en una profesional independiente con múltiples relaciones. ¿Alguna de ellas logrará la ansiada felicidad? 

40* Dora Bruder, de Patrick Modiano. Un libro estremecedor. El autor sigue el rastro de una adolescente judía durante la segunda guerra mundial, en el París ocupado por los alemanes. Es estremecedor seguir sus pasos, a la vez que el círculo de la muerte se iba cerrando en torno a los judíos que allí vivían.

41* La vida de las mujeres, de Alice Munro. Se puede tomar como una novela porque es un grupo de relatos que escribe una niña, llamada Del Jordan, en primera persona, y tienen mucho que ver unos con otros.
En un pueblo de Canadá de los años 40 la vida de las mujeres aparece espléndidamente retratada de manos de esta chica extraordinariamente perspicaz. A través de sus experiencias, sus amigas, el conocimiento de la religión, su madre feminista, las vivencias en la granja de sus padres y en la ciudad de Jubilee Del pasa de la niñez a la juventud y nosotros, de su mano, y a pesar de la distancia en el tiempo y en el espacio, podemos vivirlo con ella.
Una obra excelente y totalmente recomendable. Creo que Munro se merece con creces su reciente Nobel.

42* El árbol de la ciencia, de Pío Baroja. Me ha gustado, ¡cómo no! Aunque reconozco que lo que más me ha interesado es el relato costumbrista: las descripciones de Madrid son impagables, así como el retrato de personajes que van apareciendo a lo largo de la novela.
También son muy interesantes las reflexiones filosóficas y básicas para entender al protagonista, Andrés Hurtado, así como al propio autor.

43* Historia de un alemán (Memorias 1914-1933), de Sebastian Haffner. Excelente testimonio de un alemán ario, culto e inteligente de los años de ascenso de Hitler y el nacional-socialismo. Ofrece las claves para entender los cambios políticos y sociales que se produjeron a nivel del hombre de la calle, aquel cuya biografía no aparece en los ensayos históricos pero es un elemento esencial para comprender procesos como el que nos ocupa.

44* Memorial del convento, de José Saramago. Otra novela de este autor que me encanta, probablemente una de las mejores que he leído de él. En un periodo histórico interesante que son los años de la construcción del convento de Mafra, de 1717 a 1730, nos relata la historia de Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, cuya vida gira en torno, tanto de las construcción del convento, como de la fabricación de una máquina de volar: la pasarola.


45* Sin destino, de Imre Kertész. Un adolescente húngaro de 15 años es detenido una mañana y llevado a los campos de trabajo. Esta es su espeluznante experiencia que, a pesar del desapego con que la cuenta, o quizás por eso, nos remueve hasta lo más hondo.
No había leído a Kertész hasta ahora y me alegro de haberlo descubierto.

lunes, 7 de enero de 2013

Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, de Miguel Delibes

Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
183 páginas.

Esta novela se basa en la relación epistolar entre dos personas de 65 y 56 años que se conocen a través de un anuncio en el periódico. Aparecen exclusivamente las cartas escritas por él, y resulta interesante ver cómo esta relación comienza y evoluciona a la vez que conocemos a sus protagonistas y su entorno.

“25 de abril de 1979.
Muy señora mía:
Por puro azar tropecé ayer con su mensaje en ´La Correspondencia sentimental´ cuando aguardaba turno en la antesala del doctor.”

Un Delibes ya maduro -cuando escribió este libro en 1983 tenía aproximadamente la edad del protagonista- se pone en la piel de un hombre de 65 años, soltero y recién jubilado, natural de un pueblo castellano denominado Cremanes, que encuentra en la consulta del médico el anuncio de una mujer buscando una relación. Eugenio, que así se llama nuestro sexagenario, no duda en contestar, pues a pesar de la sencillez del reclamo algo en esas palabras le ha llamado poderosamente la atención.

“Señora viuda, de Sevilla, 56 años, aire juvenil, buena salud. 53 kilos de peso y 1 metro 60 de estatura. Aficionada a música y viajes. Discreta cocinera. Con caballeros de hasta 65 años, similares características.”

Así se inicia una correspondencia que durará seis meses y acabará convirtiéndose, como el título del libro indica, en cartas de amor. Y es que después de toda una vida de soledad (y celibato) Eugenio parece ver su última oportunidad de amar en la mujer sevillana que, al parecer, colma sus expectativas. Y sin dudarlo abre su corazón, a ella y a nosotros, y relata su vida, sus sueños, sus pequeñas manías y molestias de salud. Sin inventar o mejorar nada, a su manera sencilla y sin pretensiones nos va revelando al hombre que vive en él y que desea tanto esa relación, ese amor que nunca ha tenido ocasión de conocer, como si, ya en la última etapa de su vida, descubriera la intensidad del deseo que nunca colmó anteriormente.

A través de sus cartas, las de él pues las de ella no aparecen, sabemos que quedó huérfano a los tres años, siendo el pequeño de cuatro hermanos, y que su hermana Eloína le cuidó como una madre hasta que murió. Sabemos que tuvo una novia a la que dejó porque su hermana -la misma que tan bien le cuidó- le convenció de lo poco apropiada que era para él. Nos cuenta que entró a trabajar en un periódico y, aun no teniendo preparación, a base de empeño e interés, consiguió ascender y en los años posteriores a la guerra civil sirvió de mediador e hizo una gran labor minimizando las disensiones que surgieron con el Régimen al imponerles un director que controlaba la línea ideológica a seguir, que no era la misma que el periódico había tenido hasta entonces.

Nos habla también de sus amistades: su amigo de la infancia, Ángel Damián, que padece una paraplejia, y Baldomero Cerviño, con quien coincidió cuando trabajaban en el periódico. Se describe físicamente como bajito y con algunos kilos de más y confiesa su gusto por la cocina tradicional y por las cosas sencillas del campo: cuidar el huerto, los paseos... incluso nos da a conocer el centro de su pobre universo erótico, centrado en la visión juvenil de su hermana Rafaela en la terraza, tomando el sol en paños menores.

Hay varios datos que llevan a pensar que la vida de Eugenio tiene cierta similitud con la del autor, incluso su preferencia por lo rural es la misma. Pero el parecido más evidente es el oficio del protagonista, que nos hace recordar los pasos que siguió el propio Delibes. E incluso los nombres de los periódicos en que trabajaron se asemejan: Eugenio en El correo de Castilla, el autor en El norte de Castilla. Si, siguieron pasos similares, no iguales, porque Delibes no fue apolítico como Eugenio y entró en El norte de Castilla no antes de la guerra sino después. Lo que es evidente es que todo lo que se habla de este tema es material que el autor vivió de primera mano, no cabe duda de que recrea el mundo periodístico que fue parte importante de su historia personal.
Es un placer leerle, en este y en otros libros. Esa prosa sencilla y a la vez exclusiva en cuanto a que es un legado de nuestro idioma. Delibes ejerce de custodio de un castellano riquísimo en su variedad, y leer su prosa supone enriquecer el propio vocabulario, repasar sus expresiones y deleitarse con el buen uso que de ellas se hace. Todo amante de nuestra lengua hallará en este autor un valor seguro en cuanto a disfrute formal. Pero no es esta la única habilidad del autor, también sabe despertar y mantener el interés de principio a fin con sus argumentos y en esta obra consigue además hacernos conocer a la mujer protagonista y sus reacciones únicamente a través de las cartas de él, unas veces con referencias claras de lo que ella ha comentado, otras respondiendo a sus preguntas, sus frases sarcásticas o infundadas ofensas.

Es curioso observar la evolución de los personajes, el que habla y el que se entrevé. El que habla, Eugenio, se va apasionando cada vez más, sus expresiones, su manera de dirigirse a Rocío (pues así se llama la sevillana), su impaciencia por conocerla. Paralelamente el personaje de ella, que solo se vislumbra, tiene una evolución distinta pero tan palpable como la de él. Son como dos planos superpuestos y el efecto es la percepción de dos historias paralelas.

Pero al lector lo que le gana es la sinceridad del protagonista que, a pesar de su sexo y edad, recuerda al papel clásico de aquellas doncellas inocentes de la literatura en siglos anteriores que resultaban fácilmente burladas ¿quizá sea esto una ironía hecha a propósito por el autor? Puede ser, porque ironía y notas humorísticas no le faltan a este libro a pesar del dramatismo del argumento. Y es que Eugenio no es perfecto, o es la perfecta imagen del antihéroe: maniático, achacoso, poco atractivo físicamente..., quizá no es el hombre que una mujer desearía para rehacer su vida pero su sinceridad le redime y se gana la simpatía de quien lo lee.
En esta novela Delibes rescata el género epistolar para presentarnos una historia de amor y, de paso, recurre a algunos de sus temas favoritos: la autenticidad del mundo rural frente al urbano y de lo tradicional frente a lo moderno. Con la diferencia de que esta vez nos plantea un tema distinto: la sexualidad en la tercera edad, y lo hace con un matiz cómico, quizá algo irónico (ironía que se percibe ya en el título), pero como una realidad que está ahí, como parte de la propia naturaleza humana, y la naturaleza humana es la que llena páginas y páginas de la mejor literatura.

Resulta difícil comentar este libro tratando de no desvelar parte del argumento que considero importante sea descubierto de la mano de Eugenio y, de este modo, llegar al inesperado desenlace. Propongo la lectura de esta historia tierna y amarga, que no tiene nada que envidiar a otras obras más conocidas del autor. Unas cartas en las que es una delicia curiosear, como si las hubiéramos encontrado en el desván de la vieja casa del pueblo.

“Espero impaciente tus noticias y la nueva fotografía. Tú mandas, tú reinas en este pobre corazón solitario. E.S.”

martes, 1 de enero de 2013

¡MUY feliz 2013!

Cuaderno de bitácora 2012

1* La familia Moskat, de Isaac Bashevis Singer
2* El vientre de París, de Émile Zola
3* El doctor Zhivago, de Boris Pasternak
4* Jane Eyre, de Charlotte Brontë
5* La campana de cristal, de Sylvia Plath
6* El solterón, de Adalbert Stifter
7* Elogio de la madrastra, de Mario Vargas Llosa
8* Luz de agosto, de William Faulkner
9* La plaza del Diamante, de Mercé Rodoreda
10* Verano (Los campesinos IV), de Wladislaw Reymont
11* La marcha nupcial, de Björnstjerne Björnson
12* Una hija de Eva, de Honoré de Balzac
13* La vida está en otra parte, de Milan Kundera
14* El velo descubierto, de George Eliot
15* La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
16* Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque
17* Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima
18* En lugar seguro, de Wallace Stegner
19* Denis Bushuiev, de Sergei Maximov
20* Caminos ocultos, de Tawni O´Dell
21* Al este del Edén, de John Steinbeck
22* La casa del mirador ciego (Trilogía de Tora I), de Herbjorg Wassmo
23* Equipaje de arena, de Anna Langfus
24* Tierras de sangre, de Didó Sotiríu
25* La habitación muda (Trilogía de Tora II), de Herbjorg Wassmo
26* El cielo desnudo (Trilogía de Tora III), de Herbjorg Wassmo
27* Trinidad, de León Uris
28* La ciudad vagabunda, de Lajos Zilahy
29* Las novelas tontas de ciertas damas novelistas, de George Eliot
30* Rehenes, de Stefan Heym
31* La casa de nogal, de Miljenko Jergović
32* Pnin, de Vladimir Nabokov
33* Éxodo, de León Uris
34* Los miserables, de Victor Hugo
35* Entre tonos de gris, de Ruta Sepetys
36* Nieve, de Orhan Pamuk
37* La repudiada, de Eliette Abécassis
38* El inventor de palabras, de Gerard Donovan
39* Almas muertas, de Nikolái Gógol
40* Gottland, de Marius Szczygiel
41* El león dormido, de Marian Izaguirre
42* Las baladas del ajo, de Mo Yan
43* Ave del paraíso, de Joyce Carol Oates
44* Una pantera en el sótano, de Amos Oz
45* El lobo estepario, de Hermann Hesse
46* Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama
47* Ojo de gato, de Margaret Atwood
48* Los hermanos Ashkenazi, de Israel Yehoshua Singer
49* El gato, de Georges Simenon
50* La presa, de Kenzaburo Oe
51* Carta a mi madre, de Georges Simenon
52* La bendición de la tierra, de Knut Hamsun
53* El ocaso de los dioses de la estepa, de Ismail Kadaré
54* Los demonios, de Fedor Dostoievski
55* Taxi, de Khaled Al Khamissi

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los campesinos, de Wladislaw Reymont

El género literario llamado realismo, y su primo hermano el naturalismo, tuvieron mucho auge en la segunda mitad del siglo XIX, y sus últimos coletazos llegaron incluso al siglo XX. Reymont es uno de esos escritores naturalistas más tardíos, pero no por ello menos digno de mención, tanto es así que hizo el esfuerzo de escribir este libro en el dialecto de los campesinos, lo cual sospecho le debe dar una gran riqueza para los que puedan leerlo en el idioma original.
Obtuvo un premio Nobel por esta novela y todos los premios hubiera merecido por escribir tan bien y transportarnos de manera tan literal al pueblecito llamado Lipce, situado en la Polonia de principios de siglo XX, ocupada por Rusia y recién desembarazada del feudalismo.


Campesinos (An oberek) - 1878, por Jozef Chelmonski

El libro tiene cuatro partes que coinciden con las estaciones del año, comienza en otoño y termina en verano. A lo largo de ese año ocurren muchos acontecimientos en el pequeño pueblo, tanto comunitarios -fiestas y problemas que conciernen al pueblo entero- como personales de algunos de sus protagonistas. Y es importante entender que en un lugar donde el mayor tesoro son las tierras y animales que se poseen, no es de extrañar que los intereses materiales y la codicia muevan a muchos de sus habitantes, sobre todo teniendo en cuenta que dependen directamente de los frutos de la tierra, y que si la cosecha es mala pasarán hambre o no habrá trabajo para los jornaleros, ni limosna para los mendigos. Porque hay escalas sociales entre los campesinos: están los que son propietarios, más importantes y decisivos socialmente mientras más acres posean, los arrendatarios, los jornaleros y, por último, los mendigos: enfermos, ancianos abandonados por su familia, que piden en la puerta de la iglesia un mendrugo de pan.

El primer propietario de Lipce es Maciej Boryna, un hombre ya entrado en años, viudo con cuatro hijos: Antek, Magda, Jozia y Grzela.
Antek, el impetuoso primogénito, está casado con la infatigable y luchadora Hanka y tienen dos hijos; Magda está casada con Michal, el herrador, individuo avaricioso y entrometido; Jozia es aún una adolescente y Grzela está lejos del pueblo haciendo el servicio militar.
Maciej busca esposa y se fija en Jagus, la moza más guapa de Lipce, aunque un tanto libertina, según dicen las habladurías. Él no hace caso de eso y para conseguir que le acepte en matrimonio le dona parte de sus tierras. Ella acepta la tentadora oferta, aunque en ese momento se siente más atraída por Antek que por su padre, tanto como Antek por ella.
La rivalidad entre Maciej y su hijo Antek es uno de los grandes conflictos que atraviesan la novela, primero porque Antek quiere que le ceda ya la tierra y ser él propietario, participar en las decisiones comunales y no vivir bajo los designios de su autoritario padre, a la espera de que muera y poder heredarle.
Todo se complica cuando además Maciej consigue a Jagus e intervienen también los celos, pues al viejo propietario no le pasa inadvertida la atracción existente entre su hijo y su esposa. Y Antek no soporta ver a su amante en brazos de su padre.
Hanka, por su parte, ama a su marido y sufre mucho por los desprecios y humillaciones a los que él le somete, pero no se rinde, sigue amándole y trabajando incansable a la espera de mejores tiempos.
Jagus, criatura caprichosa y sensual, se deja arrastrar por su instinto siendo una presa fácil para los hombres que la desean y la acosan, lo que produce los celos y la indignación de las mujeres del pueblo, algo que ella no valora hasta qué punto es peligroso.

Estos dos hilos argumentales se entrecruzan con otras pequeñas historias en las que intervienen muchos habitantes de Lipce: Agatha, la mendiga que sólo busca un lugar donde morir dignamente; los organistas, que tienen sus ilusiones puestas en que su hijo Jasiek se ordene sacerdote; la Dominikowa, madre de Jagna, que maltrata y humilla a sus dos hijos varones, obligándoles a hacer las tareas domésticas; el alcalde, siempre rodeado de intrigas, y el anciano Roch, que aporta paz y consuelo y es bienvenido en todos los hogares del pueblo.

Hay otros dos conflictos que conciernen a toda la comunidad y por los que luchan pues en ello va su sustento. Por un lado el bosque que hay al lado del pueblo. Los campesinos consideran que es suyo pero los señores del castillo (antiguos señores feudales) se los venden a los judíos, que empiezan a talarlo. Esto produce un levantamiento unánime, dando lugar a un enfrentamiento violento que acaba con cincuenta hombres del pueblo en la cárcel.
También provoca las iras del pueblo el hecho de que las tierras aledañas a las de los campesinos de Lipce, aquello que llaman la Podlesia, sean comprados por los alemanes. Los campesinos no quieren alemanes allí y se creen en el justo derecho de que se los vendan a ellos puesto que cada vez hay más habitantes en el pueblo y necesitan más tierras para poder vivir.

Casi 1.300 páginas dan mucho de sí, no solo la presentación, desarrollo y resolución de conflictos personales y colectivos, también se describen morosamente las costumbres, cada una de sus celebraciones, desde una boda a un funeral, la Navidad, el Carnaval, las ferias, las peregrinaciones para rezar a la virgen de Czenstochowa -patrona de los polacos-, la Pascua... también se presta atención a las costumbres y el modo de vivir y divertirse: los bailes en la taberna, las veladas en que las mujeres se reúnen para hilar con sus ruecas, dando lugar al relato de historias, a los cotilleos, adivinanzas y canciones.
Esto no quiere decir que no se chismease aquí y allá acerca de tales acontecimientos; pero cada vez más de tarde en tarde y más esterilmente, porque para todo el mundo los propios pesares y los propios disgustos son los más inmediatos, y cada día trae los suyos.
Como he dicho antes el libro está escrito en dialecto, y además el tiempo se mide en padrenuestros en vez de horas o minutos y el devenir de los campesinos está marcado no sólo por las estaciones, también por las fiestas católicas y su repetición, el folklore y la naturaleza como principio y final de todo.
Aunque no se entra en política se deja sentir el desprecio hacia los rusos, que pretenden hacerles perder su identidad poniéndoles una escuela rusa. También hay un odio generalizado a los judíos, a los que consideran avaros y acaparadores de riqueza, aunque no dudan en recurrir a ellos cuando los necesitan, a los alemanes como pueblo enemigo a los que consideran gente poco civilizada y a los gitanos, cuyo paso por el pueblo apareja siempre una buena cantidad de robos.

Este pueblo construido alrededor de un estanque vive con los ojos puestos en el cielo, el sol, la lluvia, las estación que ha de venir, por eso creo que el libro es un gran homenaje a todos los campesinos, de cualquier país del mundo, unidos a la tierra y a la naturaleza de la que depende su subsistencia. No resulta extraño, por tanto, encontrarnos con magníficas descripciones de la naturaleza circundante.

Otoño. Días descoloridos se arrastraban por los campos vacíos, tétricos, e iban a morir en los grandes bosques, cada vez más mudos, cada vez más pálidos, como santas hostias al resplandor de cirios que se apagan.
Invierno: Desde las primeras horas de la mañana se presagiaba la tempestad de nieve; el día había empezado nublado, ventoso y muy hosco; caía la nieve a copos menudos, secos, de aristas angulosas, como avena apenas machacada en el molino de mano; el cierzo soplaba cada vez más fuerte, un cierzo frío y que, como un borracho, rodaba en todas direcciones a la vez, ululaba, silbaba y fustigaba la nieve rabiosamente.
Primavera: Vinieron también días cálidos, húmedos, inundados de sol, que oían a frescor, y tan llenos de savia, tan cargados de primavera, tan ebrios de vida, que, al anochecer, cuando se acallaban las voces de los pájaros y la aldea se entregaba al sueño, parecía sentirse el crecer de las raíces bajo la tierra y cómo subían los tallos de la hierba.
Verano: Era ya pleno día y el sol refulgía alegremente. Desde la hora del desayuno empezó a sentirse un fuerte calor. Los huertos y los campos sumergíanse lentamente en las grandes burbujas blanquecinas de aquel aire caliginoso.