martes, 7 de mayo de 2013

Cuaderno de bitácora 2013

1* La bodega, de Vicente Blasco Ibáñez. Certera y bien ambientada recreación del antagonismo entre jornaleros y señoritos en Jeréz a fines de siglo XIX.

2* Los desorientados, de Amin Maalouf. Un libro muy emotivo sobre la amistad que, además, consigue hacernos reflexionar sobre el exilio y las relaciones entre occidente y el mundo árabe, entre otros temas.

3* El camino, de Miguel Delibes. Es una novela tan enternecedora como divertida que nos lleva de la mano al paraíso perdido de la infancia.

4* El estercolero, de Aleksandr Kuprin. La vejación de la vida en un burdel, la trata de blancas... sorprende lo actual que resulta su lectura. Excelente la pluma de Kuprin, a la altura del resto de genios rusos.

5* Los habitantes del bosque, de Thomas Hardy. Preciosa historia que nos sumerge en un lugar y una época muy diferente a la actual y sin embargo consigue hacerse cercana y que la vivamos intensamente porque las pasiones... no saben de tiempo ni de espacio.

6* Elegía, de Philip Roth. La muerte está presente en cada uno de los días de nuestra vida, no hay escapatoria y, llegado el momento, hacemos un repaso del pasado... para acabar entregándonos a lo ineludible. Una novela triste pero llena de fuerza y bien relatada.

7* La herencia de Eszter, de Sandor Marai. Otra estupenda novela de este gran autor: intimista, introspectiva y con una excelente caracterización de personajes. El carácter tan fascinante de Lajos resulta un tanto irreal pero sí creo que hay personas que se acercan a tener esa personalidad subyugadora.

8* La tierra, de Émile Zola. Tremenda descripción de la vida y la forma de ser de los campesinos de la beaucé francesa a fines de siglo XIX. Sacude por dentro tanto como fascina el relato de este excepcional autor.

9* Viaje de invierno, de Amelie Nothomb. Impactante historia de amor muy al estilo de esta autora: muy efectista, algo sorprendente y con algunas reflexiones interesantes. No hay mucho más que rascar.

10* El dios de la lluvia llora sobre México, de László Passuth. Excelente recreación de la conquista de México por Hernán Cortés. Algo irregular en su estructura, no me ha gustado la subjetividad con que trata a algunos de sus personajes pero me ha encantado como está escrita, con pasajes realmente poéticos y emotivos.

11* La azucena roja, de Anatole France. El arte y el amor se dan de la mano en este drama romántico cuyo título se ha inspirado en el símbolo de Florencia, lugar repleto de arte y belleza donde transcurre gran parte de la acción.

12* Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Magnífica novela (otra más) de Marsé. Sensual, irónica, una interesante crónica de la Barcelona de posguerra y de los amores entre distintas clases sociales, un personaje atractivo y casi humano que se ha quedado en mi corazón: el pijoaparte.

13* Los tejones, de Leonid Leónov. En los comienzos del nuevo orden en Rusia, tras la caída de los zares, un grupo de mujics, que se sintieron expoliados por las recaudaciones de productos del campo, se amotinaron: se atrincheraron en el interior de un espeso bosque resistiéndose a las autoridades, haciendo sus casas en la tierra arenosa que allí había, como los tejones que ocupaban aquel lugar. De ahí el nombre por el que fueron conocidos: los tejones.
Una interesante novela de un autor desconocido aquí.

14* La huida de Morgan, de Colleen MacCullough. Conmovedora historia ambientada en los inicios de la colonización de Australia (y en concreto de la isla de Norfolk) por convictos británicos. Un tema interesante sobre el que quiero seguir leyendo y una autora muy documentada y hábil en el oficio de escribir.

15* El crucero de la chatarra rodante, de Francis Scott FitzGerald. El autor y su mujer, Zelda, deciden partir desde Nueva York hacia Alabama (tierra natal de ella) con la excusa de comer galletas y melocotones. Lo hacen en su automóvil Expenso, de quien todos dicen no será capaz de llegar a su destino. Las situaciones cómicas, el buen humor de la pareja y la excelente pluma de Fitzgerald hacen de este corto librito un excelente compañero en momentos en que necesitamos un poco de humor.

16* El amor de un hombre de cincuenta años, de Anthony Trollope. Una novela victoriana muy sencillita pero que recoge una gran variedad de emociones que te hacen vibrar al leerlo. Un trío amoroso cuya solución pende de un hilo hasta el final.

17* La buena novela, de Laurence Cossé. Metaliteratura en estado puro, para todo aquel que se puedan sentir identificado con ese sueño de la existencia de una librería que distinga entre la literatura de calidad y las montañas de libros que nada tienen que ver con el verdadero talento. Una trama de novela negra y muchas referencias a libros y escritores, al deseo de leer, el mundo editorial y todo aquello que rodea a la afición por la lectura.

18* Kafka en la orilla, de Haruki Murakami. Impactante novela. Había leído Tokio blues, de corte realista y no sospechaba con lo que me iba a encontrar. Me he visto envuelta en una trama fascinante, con personajes de lo más atractivo y una serie de hechos que no se si denominar paranormales, subrealistas, oníricos... pero que me han dejado fascinada. Tiene un argumento extraño, que no se si he entendido bien, pero si se de cierto que me ha transmitido muchas sensaciones, que me ha enganchado de principio a fin y que adoro a ese personaje -casi angelical- llamado Nakata.

19* La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza. Combinando sucesos reales y ficticios el autor consigue hacer un muy bien documentado retrato de Barcelona en el periodo situado entre las dos exposiciones universales (1888-1929), años que supusieron un punto de inflexión para el crecimiento y la modernización de la ciudad. Personajes estrafalarios, algunos toques fantásticos y otros de humor negro -amén de abundante información histórica- hacen el relato ameno e interesante.

20* Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh. Estupendo drama en el ambiente de la alta sociedad británica de entreguerras, cuyo centro es la familia de Sebastian Flyte (sus padres separados, su hermano y sus dos hermanas), los convencionales y a la vez peculiares habitantes de Brideshead.
La narración es exquisita y envolvente, la historia fascinante y la crítica al catolicismo demoledora. Que cada uno se quede con el aspecto que más le guste.

21* Viento del norte, de Elena Quiroga. Es... casi perfecta: una narración clásica, una inmersión en tierras gallegas (en el fondo y en la forma)... una novela bien estructurada con personajes de esos inolvidables que te calan hondo.
Elena Quiroga hace un análisis asombroso de las motivaciones humanas y consigue que sientas el libro en las entrañas, algo bastante difícil, a mi entender. Aunque personalmente hubiera preferido sentir algo menos el libro y que hubiese menos de dramatismo, puesto que el que hay me parece excesivo.

22* Memorias del subsuelo, de Fedor Dostoievski. El genio ruso crea para nosotros el perfecto antihéroe, un hombre atormentado, mezquino, soberbio, orgulloso, cruel... Aunque me parece una obra menor merece la pena siempre explorar el alma humana de la mano de este autor.

23* Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier. Interesante novela en torno a la figura de un hombre: Amadeu Prado, médico, escritor y miembro de la resistencia contra Salazar. Mediante sus textos, que aparecen diseminados por toda la novela, y el testimonio de los que le trataron llegamos a conocerle bastante. Recomendable para los que amamos Portugal, aunque a ratos resulta un poco largo por repetitivo.

24* Conversación en La catedral, de Mario Vargas Llosa. Uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Este autor me hipnotiza, me conmueve, me transporta... no tengo palabras para describir lo mucho que disfruto sus libros y cuanto admiro su genialidad a la hora de escribir. ¡Chapeau, querido Mario!

25* Retorno a Howards End, de Edward Morgan Forster. Deliciosa, como todas las novelas de Forster, con un personaje central (Margaret) que parece bastante evolucionado para su época y una locuela encantadora (su hermana Helen) que nos gana el corazón.

26* Los Maia, de Jose Maria Eça de Queiros

lunes, 7 de enero de 2013

Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, de Miguel Delibes

Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
183 páginas.

Esta novela se basa en la relación epistolar entre dos personas de 65 y 56 años que se conocen a través de un anuncio en el periódico. Aparecen exclusivamente las cartas escritas por él, y resulta interesante ver cómo esta relación comienza y evoluciona a la vez que conocemos a sus protagonistas y su entorno.

“25 de abril de 1979.
Muy señora mía:
Por puro azar tropecé ayer con su mensaje en ´La Correspondencia sentimental´ cuando aguardaba turno en la antesala del doctor.”

Un Delibes ya maduro -cuando escribió este libro en 1983 tenía aproximadamente la edad del protagonista- se pone en la piel de un hombre de 65 años, soltero y recién jubilado, natural de un pueblo castellano denominado Cremanes, que encuentra en la consulta del médico el anuncio de una mujer buscando una relación. Eugenio, que así se llama nuestro sexagenario, no duda en contestar, pues a pesar de la sencillez del reclamo algo en esas palabras le ha llamado poderosamente la atención.

“Señora viuda, de Sevilla, 56 años, aire juvenil, buena salud. 53 kilos de peso y 1 metro 60 de estatura. Aficionada a música y viajes. Discreta cocinera. Con caballeros de hasta 65 años, similares características.”

Así se inicia una correspondencia que durará seis meses y acabará convirtiéndose, como el título del libro indica, en cartas de amor. Y es que después de toda una vida de soledad (y celibato) Eugenio parece ver su última oportunidad de amar en la mujer sevillana que, al parecer, colma sus expectativas. Y sin dudarlo abre su corazón, a ella y a nosotros, y relata su vida, sus sueños, sus pequeñas manías y molestias de salud. Sin inventar o mejorar nada, a su manera sencilla y sin pretensiones nos va revelando al hombre que vive en él y que desea tanto esa relación, ese amor que nunca ha tenido ocasión de conocer, como si, ya en la última etapa de su vida, descubriera la intensidad del deseo que nunca colmó anteriormente.

A través de sus cartas, las de él pues las de ella no aparecen, sabemos que quedó huérfano a los tres años, siendo el pequeño de cuatro hermanos, y que su hermana Eloína le cuidó como una madre hasta que murió. Sabemos que tuvo una novia a la que dejó porque su hermana -la misma que tan bien le cuidó- le convenció de lo poco apropiada que era para él. Nos cuenta que entró a trabajar en un periódico y, aun no teniendo preparación, a base de empeño e interés, consiguió ascender y en los años posteriores a la guerra civil sirvió de mediador e hizo una gran labor minimizando las disensiones que surgieron con el Régimen al imponerles un director que controlaba la línea ideológica a seguir, que no era la misma que el periódico había tenido hasta entonces.

Nos habla también de sus amistades: su amigo de la infancia, Ángel Damián, que padece una paraplejia, y Baldomero Cerviño, con quien coincidió cuando trabajaban en el periódico. Se describe físicamente como bajito y con algunos kilos de más y confiesa su gusto por la cocina tradicional y por las cosas sencillas del campo: cuidar el huerto, los paseos... incluso nos da a conocer el centro de su pobre universo erótico, centrado en la visión juvenil de su hermana Rafaela en la terraza, tomando el sol en paños menores.

Hay varios datos que llevan a pensar que la vida de Eugenio tiene cierta similitud con la del autor, incluso su preferencia por lo rural es la misma. Pero el parecido más evidente es el oficio del protagonista, que nos hace recordar los pasos que siguió el propio Delibes. E incluso los nombres de los periódicos en que trabajaron se asemejan: Eugenio en El correo de Castilla, el autor en El norte de Castilla. Si, siguieron pasos similares, no iguales, porque Delibes no fue apolítico como Eugenio y entró en El norte de Castilla no antes de la guerra sino después. Lo que es evidente es que todo lo que se habla de este tema es material que el autor vivió de primera mano, no cabe duda de que recrea el mundo periodístico que fue parte importante de su historia personal.
Es un placer leerle, en este y en otros libros. Esa prosa sencilla y a la vez exclusiva en cuanto a que es un legado de nuestro idioma. Delibes ejerce de custodio de un castellano riquísimo en su variedad, y leer su prosa supone enriquecer el propio vocabulario, repasar sus expresiones y deleitarse con el buen uso que de ellas se hace. Todo amante de nuestra lengua hallará en este autor un valor seguro en cuanto a disfrute formal. Pero no es esta la única habilidad del autor, también sabe despertar y mantener el interés de principio a fin con sus argumentos y en esta obra consigue además hacernos conocer a la mujer protagonista y sus reacciones únicamente a través de las cartas de él, unas veces con referencias claras de lo que ella ha comentado, otras respondiendo a sus preguntas, sus frases sarcásticas o infundadas ofensas.

Es curioso observar la evolución de los personajes, el que habla y el que se entrevé. El que habla, Eugenio, se va apasionando cada vez más, sus expresiones, su manera de dirigirse a Rocío (pues así se llama la sevillana), su impaciencia por conocerla. Paralelamente el personaje de ella, que solo se vislumbra, tiene una evolución distinta pero tan palpable como la de él. Son como dos planos superpuestos y el efecto es la percepción de dos historias paralelas.

Pero al lector lo que le gana es la sinceridad del protagonista que, a pesar de su sexo y edad, recuerda al papel clásico de aquellas doncellas inocentes de la literatura en siglos anteriores que resultaban fácilmente burladas ¿quizá sea esto una ironía hecha a propósito por el autor? Puede ser, porque ironía y notas humorísticas no le faltan a este libro a pesar del dramatismo del argumento. Y es que Eugenio no es perfecto, o es la perfecta imagen del antihéroe: maniático, achacoso, poco atractivo físicamente..., quizá no es el hombre que una mujer desearía para rehacer su vida pero su sinceridad le redime y se gana la simpatía de quien lo lee.
En esta novela Delibes rescata el género epistolar para presentarnos una historia de amor y, de paso, recurre a algunos de sus temas favoritos: la autenticidad del mundo rural frente al urbano y de lo tradicional frente a lo moderno. Con la diferencia de que esta vez nos plantea un tema distinto: la sexualidad en la tercera edad, y lo hace con un matiz cómico, quizá algo irónico (ironía que se percibe ya en el título), pero como una realidad que está ahí, como parte de la propia naturaleza humana, y la naturaleza humana es la que llena páginas y páginas de la mejor literatura.

Resulta difícil comentar este libro tratando de no desvelar parte del argumento que considero importante sea descubierto de la mano de Eugenio y, de este modo, llegar al inesperado desenlace. Propongo la lectura de esta historia tierna y amarga, que no tiene nada que envidiar a otras obras más conocidas del autor. Unas cartas en las que es una delicia curiosear, como si las hubiéramos encontrado en el desván de la vieja casa del pueblo.

“Espero impaciente tus noticias y la nueva fotografía. Tú mandas, tú reinas en este pobre corazón solitario. E.S.”

martes, 1 de enero de 2013

¡MUY feliz 2013!

Cuaderno de bitácora 2012

1* La familia Moskat, de Isaac Bashevis Singer
2* El vientre de París, de Émile Zola
3* El doctor Zhivago, de Boris Pasternak
4* Jane Eyre, de Charlotte Brontë
5* La campana de cristal, de Sylvia Plath
6* El solterón, de Adalbert Stifter
7* Elogio de la madrastra, de Mario Vargas Llosa
8* Luz de agosto, de William Faulkner
9* La plaza del Diamante, de Mercé Rodoreda
10* Verano (Los campesinos IV), de Wladislaw Reymont
11* La marcha nupcial, de Björnstjerne Björnson
12* Una hija de Eva, de Honoré de Balzac
13* La vida está en otra parte, de Milan Kundera
14* El velo descubierto, de George Eliot
15* La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
16* Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque
17* Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima
18* En lugar seguro, de Wallace Stegner
19* Denis Bushuiev, de Sergei Maximov
20* Caminos ocultos, de Tawni O´Dell
21* Al este del Edén, de John Steinbeck
22* La casa del mirador ciego (Trilogía de Tora I), de Herbjorg Wassmo
23* Equipaje de arena, de Anna Langfus
24* Tierras de sangre, de Didó Sotiríu
25* La habitación muda (Trilogía de Tora II), de Herbjorg Wassmo
26* El cielo desnudo (Trilogía de Tora III), de Herbjorg Wassmo
27* Trinidad, de León Uris
28* La ciudad vagabunda, de Lajos Zilahy
29* Las novelas tontas de ciertas damas novelistas, de George Eliot
30* Rehenes, de Stefan Heym
31* La casa de nogal, de Miljenko Jergović
32* Pnin, de Vladimir Nabokov
33* Éxodo, de León Uris
34* Los miserables, de Victor Hugo
35* Entre tonos de gris, de Ruta Sepetys
36* Nieve, de Orhan Pamuk
37* La repudiada, de Eliette Abécassis
38* El inventor de palabras, de Gerard Donovan
39* Almas muertas, de Nikolái Gógol
40* Gottland, de Marius Szczygiel
41* El león dormido, de Marian Izaguirre
42* Las baladas del ajo, de Mo Yan
43* Ave del paraíso, de Joyce Carol Oates
44* Una pantera en el sótano, de Amos Oz
45* El lobo estepario, de Hermann Hesse
46* Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama
47* Ojo de gato, de Margaret Atwood
48* Los hermanos Ashkenazi, de Israel Yehoshua Singer
49* El gato, de Georges Simenon
50* La presa, de Kenzaburo Oe
51* Carta a mi madre, de Georges Simenon
52* La bendición de la tierra, de Knut Hamsun
53* El ocaso de los dioses de la estepa, de Ismail Kadaré
54* Los demonios, de Fedor Dostoievski
55* Taxi, de Khaled Al Khamissi

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los campesinos, de Wladislaw Reymont

El género literario llamado realismo, y su primo hermano el naturalismo, tuvieron mucho auge en la segunda mitad del siglo XIX, y sus últimos coletazos llegaron incluso al siglo XX. Reymont es uno de esos escritores naturalistas más tardíos, pero no por ello menos digno de mención, tanto es así que hizo el esfuerzo de escribir este libro en el dialecto de los campesinos, lo cual sospecho le debe dar una gran riqueza para los que puedan leerlo en el idioma original.
Obtuvo un premio Nobel por esta novela y todos los premios hubiera merecido por escribir tan bien y transportarnos de manera tan literal al pueblecito llamado Lipce, situado en la Polonia de principios de siglo XX, ocupada por Rusia y recién desembarazada del feudalismo.


Campesinos (An oberek) - 1878, por Jozef Chelmonski

El libro tiene cuatro partes que coinciden con las estaciones del año, comienza en otoño y termina en verano. A lo largo de ese año ocurren muchos acontecimientos en el pequeño pueblo, tanto comunitarios -fiestas y problemas que conciernen al pueblo entero- como personales de algunos de sus protagonistas. Y es importante entender que en un lugar donde el mayor tesoro son las tierras y animales que se poseen, no es de extrañar que los intereses materiales y la codicia muevan a muchos de sus habitantes, sobre todo teniendo en cuenta que dependen directamente de los frutos de la tierra, y que si la cosecha es mala pasarán hambre o no habrá trabajo para los jornaleros, ni limosna para los mendigos. Porque hay escalas sociales entre los campesinos: están los que son propietarios, más importantes y decisivos socialmente mientras más acres posean, los arrendatarios, los jornaleros y, por último, los mendigos: enfermos, ancianos abandonados por su familia, que piden en la puerta de la iglesia un mendrugo de pan.

El primer propietario de Lipce es Maciej Boryna, un hombre ya entrado en años, viudo con cuatro hijos: Antek, Magda, Jozia y Grzela.
Antek, el impetuoso primogénito, está casado con la infatigable y luchadora Hanka y tienen dos hijos; Magda está casada con Michal, el herrador, individuo avaricioso y entrometido; Jozia es aún una adolescente y Grzela está lejos del pueblo haciendo el servicio militar.
Maciej busca esposa y se fija en Jagus, la moza más guapa de Lipce, aunque un tanto libertina, según dicen las habladurías. Él no hace caso de eso y para conseguir que le acepte en matrimonio le dona parte de sus tierras. Ella acepta la tentadora oferta, aunque en ese momento se siente más atraída por Antek que por su padre, tanto como Antek por ella.
La rivalidad entre Maciej y su hijo Antek es uno de los grandes conflictos que atraviesan la novela, primero porque Antek quiere que le ceda ya la tierra y ser él propietario, participar en las decisiones comunales y no vivir bajo los designios de su autoritario padre, a la espera de que muera y poder heredarle.
Todo se complica cuando además Maciej consigue a Jagus e intervienen también los celos, pues al viejo propietario no le pasa inadvertida la atracción existente entre su hijo y su esposa. Y Antek no soporta ver a su amante en brazos de su padre.
Hanka, por su parte, ama a su marido y sufre mucho por los desprecios y humillaciones a los que él le somete, pero no se rinde, sigue amándole y trabajando incansable a la espera de mejores tiempos.
Jagus, criatura caprichosa y sensual, se deja arrastrar por su instinto siendo una presa fácil para los hombres que la desean y la acosan, lo que produce los celos y la indignación de las mujeres del pueblo, algo que ella no valora hasta qué punto es peligroso.

Estos dos hilos argumentales se entrecruzan con otras pequeñas historias en las que intervienen muchos habitantes de Lipce: Agatha, la mendiga que sólo busca un lugar donde morir dignamente; los organistas, que tienen sus ilusiones puestas en que su hijo Jasiek se ordene sacerdote; la Dominikowa, madre de Jagna, que maltrata y humilla a sus dos hijos varones, obligándoles a hacer las tareas domésticas; el alcalde, siempre rodeado de intrigas, y el anciano Roch, que aporta paz y consuelo y es bienvenido en todos los hogares del pueblo.

Hay otros dos conflictos que conciernen a toda la comunidad y por los que luchan pues en ello va su sustento. Por un lado el bosque que hay al lado del pueblo. Los campesinos consideran que es suyo pero los señores del castillo (antiguos señores feudales) se los venden a los judíos, que empiezan a talarlo. Esto produce un levantamiento unánime, dando lugar a un enfrentamiento violento que acaba con cincuenta hombres del pueblo en la cárcel.
También provoca las iras del pueblo el hecho de que las tierras aledañas a las de los campesinos de Lipce, aquello que llaman la Podlesia, sean comprados por los alemanes. Los campesinos no quieren alemanes allí y se creen en el justo derecho de que se los vendan a ellos puesto que cada vez hay más habitantes en el pueblo y necesitan más tierras para poder vivir.

Casi 1.300 páginas dan mucho de sí, no solo la presentación, desarrollo y resolución de conflictos personales y colectivos, también se describen morosamente las costumbres, cada una de sus celebraciones, desde una boda a un funeral, la Navidad, el Carnaval, las ferias, las peregrinaciones para rezar a la virgen de Czenstochowa -patrona de los polacos-, la Pascua... también se presta atención a las costumbres y el modo de vivir y divertirse: los bailes en la taberna, las veladas en que las mujeres se reúnen para hilar con sus ruecas, dando lugar al relato de historias, a los cotilleos, adivinanzas y canciones.
Esto no quiere decir que no se chismease aquí y allá acerca de tales acontecimientos; pero cada vez más de tarde en tarde y más esterilmente, porque para todo el mundo los propios pesares y los propios disgustos son los más inmediatos, y cada día trae los suyos.
Como he dicho antes el libro está escrito en dialecto, y además el tiempo se mide en padrenuestros en vez de horas o minutos y el devenir de los campesinos está marcado no sólo por las estaciones, también por las fiestas católicas y su repetición, el folklore y la naturaleza como principio y final de todo.
Aunque no se entra en política se deja sentir el desprecio hacia los rusos, que pretenden hacerles perder su identidad poniéndoles una escuela rusa. También hay un odio generalizado a los judíos, a los que consideran avaros y acaparadores de riqueza, aunque no dudan en recurrir a ellos cuando los necesitan, a los alemanes como pueblo enemigo a los que consideran gente poco civilizada y a los gitanos, cuyo paso por el pueblo apareja siempre una buena cantidad de robos.

Este pueblo construido alrededor de un estanque vive con los ojos puestos en el cielo, el sol, la lluvia, las estación que ha de venir, por eso creo que el libro es un gran homenaje a todos los campesinos, de cualquier país del mundo, unidos a la tierra y a la naturaleza de la que depende su subsistencia. No resulta extraño, por tanto, encontrarnos con magníficas descripciones de la naturaleza circundante.

Otoño. Días descoloridos se arrastraban por los campos vacíos, tétricos, e iban a morir en los grandes bosques, cada vez más mudos, cada vez más pálidos, como santas hostias al resplandor de cirios que se apagan.
Invierno: Desde las primeras horas de la mañana se presagiaba la tempestad de nieve; el día había empezado nublado, ventoso y muy hosco; caía la nieve a copos menudos, secos, de aristas angulosas, como avena apenas machacada en el molino de mano; el cierzo soplaba cada vez más fuerte, un cierzo frío y que, como un borracho, rodaba en todas direcciones a la vez, ululaba, silbaba y fustigaba la nieve rabiosamente.
Primavera: Vinieron también días cálidos, húmedos, inundados de sol, que oían a frescor, y tan llenos de savia, tan cargados de primavera, tan ebrios de vida, que, al anochecer, cuando se acallaban las voces de los pájaros y la aldea se entregaba al sueño, parecía sentirse el crecer de las raíces bajo la tierra y cómo subían los tallos de la hierba.
Verano: Era ya pleno día y el sol refulgía alegremente. Desde la hora del desayuno empezó a sentirse un fuerte calor. Los huertos y los campos sumergíanse lentamente en las grandes burbujas blanquecinas de aquel aire caliginoso.

domingo, 19 de agosto de 2012

30/30. Uno que pueda salvar vidas: Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo, de Allen Carr

El último libro de este reto ha sido el más difícil de elegir, no se me ocurría un libro que pueda salvar vidas. Si fuera creyente me hubiera podido remitir a algún texto religioso, o quizá valdría una novela que ofrezca una salvación simbólica... al final me decidí por este librito que, no sé si puede salvar vidas, pero a mí me ayudó a dejar de fumar, y eso ya es mucho.

Quiero aclarar que no creo que, ni este, ni ningún otro libro pueda servir para dejar de fumar si no hay determinación y fuerza de voluntad por parte del fumador. Los milagros no existen y para dejar este vicio hay que estar muy decidido y muy convencido de querer hacerlo, o eso es lo que aprendí de mi experiencia. ¿Y qué papel tuvo este libro? Bueno, pues es un texto muy sensato que, sencillamente, explica los muchos autoengaños a los que recurrimos los fumadores, la dependencia psicológica –y absurda- de sentir que no sobreviviremos sin un cigarrillo entre los dedos. Uno no se imagina la vida sin tabaco: en una cafetería, en una situación agobiante, en vacaciones, con los amigos... parece que no pudiéramos renunciar a ello.

Pero se puede. Y se hace. Y fumar es algo absurdo, tóxico, molesto, maloliente y caro. No es necesario ni glamuroso. No calma los nervios. Y este libro refleja nuestra situación de dependencia como si fuera un espejo, explica el proceso por el que nos “enganchamos”, lo absurdo de las situaciones provocadas por el tabaco y que, realmente, la adicción es más psicológica que física. Y cuando estemos convencidos de ello y lo probemos con la suficiente determinación, veremos que dejar de fumar no era tan difícil.

¡Ánimo a los que estén en ello!

sábado, 30 de junio de 2012

29/30. Uno que se haya robado: Raíces, de Alex Haley

Raíces fue una novela muy vendida y leída allá por los años 70 y 80, supongo que justo después de que emitieran por televisión la famosa serie basada en el libro. En casa de mis padres había un ejemplar de la editorial Ultramar que luego he visto en muchos otros hogares, y también en muchas tiendas de viejo. Yo nunca tuve que comprarlo porque cuando me emancipé vino conmigo sin permiso de mis padres, camuflado entre montones de otros libros, y hasta el día de hoy está en mis estanterías sin que nadie aún me lo haya reclamado. En la portada hay una foto de un hombre, imagino que el mismo Haley, una mujer y una niña, y debajo se puede leer: El testimonio más elocuente jamás escrito sobre la grandeza y libertad del hombre.

Es curioso que este sea un testimonio sobre grandeza y libertad cuando lo que cuenta es precisamente una historia de esclavitud. La cuestión es mirar con perspectiva. Se relata el devenir de seis generaciones de una misma familia a lo largo de doscientos años, y las raíces de esa familia se encuentran en el vil acontecimiento de aquel día de 1797, en Juffure, Gambia, cuando el hombre que originó este árbol genealógico fue capturado y llevado a Estados unidos para ser vendido como esclavo a un plantador de Virginia. Él se llamaba Kunta Kinte

Un hombre, una raza sometida y humillada, la raíz enterrada, húmeda de sudor y llanto, de un árbol. Pero pasado el tiempo este árbol fue creciendo, de él nacieron otros individuos, los hubo trabajadores humildes y también los hubo con estudios, abogados e ingenieros. Pero lo importante no fue su preparación o nivel de vida, sino que fueron libres. El árbol de Kunta Kinte dio sus frutos, y el mayor y más sabroso fue que sus descendientes disfrutaron de su libertad, y de una de las ramas de ese frondoso árbol nació esta magnífica novela donde se rescata del olvido la historia de todos aquellos africanos que fueron arrancados de su tierra para trabajar y vivir como esclavos muy lejos de su país, su familia y su cultura.

Leí esta obra con trece años, mi abuela se enfadó conmigo porque no consideraba que fuese una historia apropiada para una chica de mi edad, y seguramente tenía razón pero ya no había quien me quitase de leerla. Está repleta de violencia, enfrentamientos, violaciones... pero también de una grandeza inusitada: la que siempre tiene la verdad. Y es que las historias auténticas resultan fascinantes, una se siente parte y uno con ese horrible y hermoso monstruo que es la humanidad, y se apropia de vidas ajenas, de sensaciones ajenas, sabiendo que en un tiempo y un lugar fueron de otros. Y es que el relato de la vida de Kunta Kinte pone los pelos de punta a cualquiera, te lleva desde la lástima a la vergüenza ajena, desde la alegría de ciertos episodios hasta el asombro por la capacidad de resistencia humana. Remueve por dentro, indigna y hace saltar alguna lagrimilla, por qué no decirlo.

Agradezco desde aquí a Alex Haley su labor de investigación en su propia familia hasta llegar a sus orígenes, a su antepasado “el africano”. Es toda una lección de historia a la vez que una novela de gran calidad que ha dejado un testimonio imperecedero.
Todos estamos en deuda con Kunta Kinte, qué menos que leer su historia para poder, no paliar pero sí revivir la injusticia que se cometió con él. Que nunca se olvide el agravio para que nunca consintamos que algo remotamente parecido ocurra a nuestro alrededor.