A veces, cuando la vida nos asfixia, cuando sentimos el aliento del fracaso pegado a nuestra nuca, algunas personas sentimos la necesidad de evadirnos. Así le ocurrió a Dánae, la protagonista de esta novela, que un día, cansada de su marido, sus hijas y su vida en general se marcha de casa y viaja al valle de Viñales, en Cuba, donde allá por los años setenta pasó una temporada con sus compañeros de colegio en lo que denominaban “escuela al campo”, que era un campamento de trabajo en el que los niños que vivían en la ciudad aprendían las labores de la tierra. Ir a estas escuelas era un requisito para poder entrar más tarde en la universidad así como el primer atisbo de independencia para los adolescentes inquietos que acababan de dejar atrás la niñez.En la escuela al campo fue donde Dánae se inició en el amor y en el descubrimiento de su sexualidad y así lo va recordando paralelamente a su nuevo viaje al valle. Es la revisión del pasado de una mujer adulta y confundida, que busca saber en qué momento su vida tomó la senda equivocada, y que da como resultado una novela nostálgica y a ratos también divertida, la quinta de un ciclo de seis que escribió la autora sobre mujeres cubanas.
Lo más destacable de esta novela es la aproximación a la cultura de Cuba a través del vivir cotidiano y del lenguaje coloquial que se utiliza en toda la narración. Por momentos cuesta entenderlo pero uno se acaba haciendo a la idea, por el contexto, de lo que significa cada expresión y este entendimiento engrandece el relato además de darnos la posibilidad de una inmersión en la mentalidad cubana, tan cercana a nosotros los españoles y a la vez tan distinta.
Imposible no mencionar el amor a la naturaleza y a la libertad individual más allá de convenciones que transmite la historia, así como el recurso del realismo mágico personalísimo de Valdés, que impregna de un halo de fábula todo el libro, dando vida a una maleta, una ceiba, el tiempo, la música, el espíritu de la abuela de Dánae, haciéndolos narradores de la historia, testigos directos del despertar de la chiquilla y de los cambios que acontecen en el alma de la mujer, y consigue dar a la narración un toque distinto, una riqueza expresiva y una magia que nos convoca inmediatamente al territorio emocionante de las experiencias vividas por primera vez.
Muchos años después de leer este libro, visité el Valle de Viñales. No tenía pensado expresamente ir allí, pero estando en la Habana me ofertaron la excursión y no pude resistirme a visitar ese lugar que hasta entonces era para mí sólo literatura. Me gustó mucho, es un sitio bellísimo con sus pueblos, sus cuevas, sus prehistóricos mogotes y sus campos de tabaco donde unas chiquillas se enamoraron una vez con la misma naturalidad con que respiraban e idéntico desparpajo que el que había en su manera de hablar.
Lola, que delicia de libro, yo no conozco ese lugar pero me imagino lo que habrás disfrutado en base a lo descrito en el libro (y al propio pueblo, desde luego).
ResponderSuprimirDios, ¡qué atrasada estoy con estas reseñas!! :P
Un abrazo. :)
Si, disfruté muchísimo. Un abrazo para tí también y ánimo con esas reseñas. ;)
ResponderSuprimirAndromeda está perezosa ^^
ResponderSuprimirNo he leído nada de esta autora. Lo cierto es que algunos artículos suyos me hicieron dudar de su calidad como novelista. ¿Realmente me la recomendáis las dos? :)
Hay que ver lo poco que me interesan los lugares por sí mismos XD
Tengo dudas de que te guste, la verdad. Tengo dudas hasta de que me guste a mí ahora: fue una lectura de hace muchísimos años y en su momento me dejó una impresión tan agradable que temo que una relectura me la fastidiara.:/
ResponderSuprimirEso no quita que agradezca los buenos ratos que varios libros de Valdés me hicieron pasar en una época de mi vida.