martes 22 de noviembre de 2011

3/30 libros. Uno que sea un placer culposo: La pianista, de Elfriede Jelinek

El grito, de Edvard munch. 1893
Desde siempre me han interesado las historias duras, psicológicamente violentas, los personajes problemáticos, atormentados, hundidos por la vida, desequilibrados o que vivan en un entorno conflictivo. Me atrae conocer los infiernos personales, esos dramas íntimos a los que tantas personas se ven abocadas por circunstancias familiares, situaciones vitales o errores personales.
El hecho de que me gusten este tipo de novelas me hace sentir un poco mal, quizá la morbosidad que supone esta atracción es lo que me preocupa, por tanto puede decirse que siento un poco de culpa cuando vuelvo a leer un libro de estas características.

Afortunadamente no dejo que esto me influya y sigo disfrutando esas lecturas y, por poner un ejemplo de lo que estoy hablando voy a mencionar una novela que disfruté tanto como sufrí, y que es uno de los libros más duros que he leído: La pianista. Su autora, la nobel Elfriede Jelinek es implacable en general con los personajes de sus obras y radical en sus argumentos, remueve conciencias y algún estómago, y adolece de privar a algunos de sus personajes de cualquier rasgo noble que pueda tener el ser humano para incidir una y otra vez en aquello más enfermizo y execrable. Y creo que lo hace a propósito y es su sello como escritora.

En el caso de La pianista, la protagonista -Erika Kohut- es uno de esos personajes a los que las circunstancias han hecho alguien extraño, inadaptado, sexualmente desviado e incapaz para el afecto. Vive con su madre, que ejerce un dominio casi absoluto sobre ella: conoce y controla cada aspecto de su vida.
Erika descarga la agresividad que le producen sus frustraciones en el anonimato de la ciudad, molestando a la gente en el autobús con un paraguas, por ejemplo. Y su sexualidad enfermiza la lleva a observar a las parejas en los parques y también a autolesionarse.
Sus clases de piano y dar algún concierto es toda su vida en la que, a pesar de todo, hay cierto control y pasa por una persona normal. El problema surge cuando conoce a Walter Klemmer, un alumno de las clases de piano que ella imparte. La atracción y el afecto que siente por este hombre provocan una crisis brutal en su vida y en la convivencia con su madre dando lugar a situaciones extremas y desgarradoras que hacen pensar cuánta gente pasará algún problema similar, y cuánta ayuda necesitarían...

Es tremendo. Me encoge el corazón, me sacude las vísceras, pienso que debo estar fatal... pero me encanta.

4 comentarios:

  1. ¡Coincido, coincido!! También me encantan estos temas, para bien o para mal... :*)
    No he leído la novela (pero la película me puso los pelos de punta).
    Abrazos.

    ResponderSuprimir
  2. Confieso que nunca me he atrevido ni a ver la película ni a leer el libro. Y fijaos que a mí me va la marcha. A veces ciertos temas me pillan blandito ^^

    ResponderSuprimir
  3. Con la película no me atrevería. Con el libro... no sé, no sé. Igual si alguno de vosotros me acompañara, me embarcaría. Encantadora reseña, Lola.

    ResponderSuprimir
  4. Andrómeda, cuando escribía este comentario me acordé de tí porque se que compartimos este placer culposo. ¡¡Y lo que disfrutamos leyendo El hombre perro, otro hito de la culpabilidad placentera!! XD

    Aisss, Gabriel, es terrible la historia. Si no estás fuerte y preparado para lo peor... ni lo intentes... Mailer y Vian juntos no impactan tanto como esta buena señora. ^^

    Gracias, Sue. Para mi que el libro es más duro que la película, pero también más interesante.
    ¡Un abrazo!

    ResponderSuprimir

Si quieres comentar algo, escribe tu mensaje aquí: