sábado, 9 de mayo de 2009

El lirio del valle, de Honoré de Balzac

Título original: Le Lys dans la vallée
Traductor: M. Fernández Dios
Ediciones Orbis. Colección Grandes pasiones de la literatura
339 páginas

Del inmenso proyecto literario al que Balzac denominó La comedia humana y que se dividía en Estudios de costumbres, filosóficos y analíticos, hay un pequeño subgrupo perteneciente a los Estudios de costumbres llamado Escenas de la vida en el campo, por transcurrir en ese ámbito la mayor parte del tiempo. Las novelas incluidas en ese subgrupo fueron cuatro: Los campesinos, El médico rural, El cura del pueblo y El lirio del valle.
Igual que en el resto de su obra, en esta que nos ocupa Balzac refleja como en un espejo a la sociedad de su época, sus costumbres y psicología. Por momentos se convierte en un tratado de maneras de donde podemos aprender los usos y costumbres de la alta sociedad francesa a mediados de siglo XIX. Pero además es una gran novela de amor en la que se ponen en juego no uno sino varios romances de los que Félix de Vandenesse, nuestro protagonista, es el punto de encuentro. Es Félix un personaje controvertido que guarda ciertas similitudes biográficas con el autor, por ejemplo la relación con su madre, una mujer distante y fría para con él, y también una educación similar, con largas temporadas lejos del hogar paterno, aunque esto era algo común en las familias acomodadas de la época.

Siendo muy joven Félix conoce en una fiesta a la condesa de Mortsauf, que vive en un valle en la localidad de Tours junto con su marido y sus dos hijos, aislados todos de la sociedad parte por el ostracismo y la escasez económica a la que les ha relegado el régimen napoleónico, y parte por sus problemas familiares pues el conde padece una enfermedad mental que le lleva a ser desgraciado y a hacer desgraciados a los que le rodean. Pronto la condesa se convierte en el amor iniciático de Félix, un sentimiento platónico que ella corresponde con un disfraz maternal y virtuoso que contribuye en ambos a sublimar su mutua atracción para casi convertirla en algo religioso que Balzac describe no sin cierta ironía.

-¿Me amáis santamente?
-Santamente.
-¿Para siempre?
-Para siempre.
-¿Cómo una Virgen María que debe permanecer con sus velos y su corona blanca?
-Como a una Virgen María visible.
-¿Cómo a una hermana?
-¿Cómo a una hermana muy amada?
-¿Cómo a una madre?
-Como a una madre deseada en secreto.
-¿Con caballerosidad, sin esperanza?
-Con caballerosidad, pero con esperanza.
-En fin, ¿Cómo si aún tuvieseis veinte años y llevaseis aquel horrible traje azul del baile?
-¡Oh, Mucho más! Os amo así, y os amo como…
Me miró con viva ansiedad.
-Como os amaba vuestra tía.

Todo cambia cuando ya en París Félix empieza su carrera política y conoce a Arabella, una Lady inglesa, que no tiene tantos escrúpulos como Enriqueta, la condesa. El amor carnal frente al platónico encuentran una reflexión interesante en el libro y la diferencia entre las mujeres inglesas y francesas es otro tema que el autor plantea de manera que consigue hacernos empatizar con todos los personajes, así son de humanos y de cuidadosamente estudiados.

La novela está narrada en primera persona por Félix de Vandenesse y dirigida a modo de carta a su prometida, Natalia de Manerville, de la que no sabemos apenas nada hasta que, ya en las últimas páginas del libro, toma la palabra para contestar la larguísima misiva que es la narración de Félix. Se trata de un relato intimista con profusión de descripciones y detalles que a ratos desvían la atención pero que resultan importantes para entender a fondo tanto lo que pasa como lo que siente cada uno de los protagonistas.
Balzac solía hacer aparecer a muchos de sus personajes en sus distintas novelas, que él entendía como una sola y enorme narración. En este caso Félix de Vandenesse es un personaje que retoma como protagonista en Una hija de Eva.

Una historia bonita, sentimental sin llegar al empalago, una de las grandes pasiones de la literatura, según reza la colección en la que se publicó, un clásico totalmente recomendable. Félix y Enriqueta, la mujer que da nombre al libro, pues ella no es otra que ese lirio del valle con el que su amado la compara a lo largo de todo el relato:


Su vestido de percal era el punto blanco que percibí entre sus viñas, bajo un alberchiguero. Era, como ya sabes, sin saber nada aún, el lirio de aquel valle, donde crecía para el cielo, llenándolo con los perfumes de sus virtudes.
Quedé en pie, confundido, dejando que se fuera, contemplándola, siempre noble, lenta, orgullosa, más blanca que antes, pero llevando en la frente la señal amarillenta de la melancolía más amarga, e inclinada la cabeza como un lirio sobrecargado de lluvia.











Felix de Vandenesse y Madame de Mortsauf
Ilustración para El lirio en el valle publicado en 1871, pintado por Pierre Gustave Eugene Staal.

2 comentarios:

  1. Tengo varios libros de esa editorial, así que iré tras él en breve. Me encantan esos temas costumbristas. Coincido además con lo que dices de los detalles: quizá hacen a estas obras un poco más largas, pero merece la pena hacernos una idea tan completa del entorno y de los aspectos psicológicos.
    Linda reseña, besos. :)

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  2. Sí que merece la pena, Andrómeda. Ya sabes lo mucho que me ha gustado el libro y, por supuesto, que quiero seguir leyendo a Balzac. ;)

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