domingo, 16 de octubre de 2011

Los Buddenbrook, de Thomas Mann

Título original: Buddenbrooks. Verfall einer familie
Traducción: Francisco Payarols
Editorial: Plaza & Janés. Edición de 1972
711 páginas

Los árboles genealógicos se conceden ciertos caprichos. Así, donde se espera un brote con determinadas características, surge uno con personalidad diferente, una rama que se ansía fértil queda seca y ni las más grandes fortunas pueden asegurarse el sucesor apetecido.
Los Buddenbrook, en su rama masculina, son una raza de hombres fuertes, religiosos, prácticos y poco aficionados al arte que llevan con mano firme el negocio del cereal y observan una rígida actuación en cuanto a la sociedad y las tradiciones, la diferencia de clases y el deber de todos los miembros de una familia de honrar y supeditarse a los intereses de esta.
En su rama femenina el papel es secundario, aunque importante también, acompañando y sosteniendo con su comportamiento la posición de la familia, generando descendencia y sirviendo como moneda de cambio a la hora del matrimonio: el objeto es casarse con un partido ventajoso que convenga a la firma y a su situación social a cambio de la dote. Un negocio más.

Resulta llamativo que esta fuera la primera novela de Mann, y que la escribiese con tan solo veinticuatro años, pues la habilidad narrativa y sutileza psicológica más parecen de alguien mayor y más experimentado. Quizá le ayudó que la trama fuera parcialmente autobiográfica, pero la huella del maestro estaba ya impresa en sus líneas.

En la misma ciudad del autor, Lübeck, se desarrollan los hechos. Es esta una ciudad eminentemente comercial entre otros factores por su puerto y su situación geográfica, allí viven varias familias como Los Buddenbrook, una burguesía acomodada que compiten, se interrelacionan y se observan. Cada familia es un clan, y el clan de los Buddembrook comienza con el bisabuelo Johann, quien junto a Josephine tuvo a Gotthold, desheredado por casarse con una simple tendera, y junto a Antoinette (Duchamps de soltera) tuvo a Johann (Jean), llamado a suceder a su padre al frente de la casa.
Así lo hace y en los años en que Jean está al frente de la razón social la fortuna y el brillo de la familia se mantienen sin decaer ni aumentar. Lo que sí aumenta es la familia pues junto con Elisabeth (Kröger  de soltera) tiene cuatro hijos: Thomas (Tom), Antonie (Tony), Christian y Klara. En ellos recae la mayor parte del peso de la historia pues son esos años, de 1835 a 1876, desde su infancia a su madurez cuando ocurren los hechos que llevan la familia de lo más alto a la decadencia, y ellos cuatro, cada uno a su manera y contrariamente a su deseo, la principal causa de este ocaso.
No sirve que ellos sean conscientes de su responsabilidad en el clan, al menos Tom y Tony. En Tom recaerá estar al frente del negocio, Tony sacrificará su felicidad para hacer lo conveniente a la familia. Ellos dos, aunque la suerte no esté de su parte, serán los que luchen para mantener su posición. Christian es un hombre vago de carácter histriónico, incapacitado para ganarse la vida, una fuente de preocupaciones y una carga para la familia. Klara tiene un paso más leve por la historia, aunque decisivo a la hora de sumarse a la desintegración de la fortuna tan hábilmente amasada.
Hay muchos otros personajes, entre ellos cabe destacar a las malévolas primas solteras hijas de Gotthold, o la pariente pobre Mathilda, que vienen a ser parte y uno con el árbol de Los Buddenbrook y a la vez representan otros posibles destinos para las mujeres de la burguesía.

¡Qué gran diferencia entre el principio y el final de la novela! Da comienzo esta con gran alegría, cuando el negocio está en auge y las expectativas son las mejores. Acaban de comprar la casa de la Mengstrasse y se celebra la fiesta de inauguración. Pero el destino resulta inexorable y ocurre lo que indica el subtitulo en alemán: decadencia de una familia. Y así es, con la próxima unificación de Alemania como telón de fondo vemos secarse una a una las ramas de este árbol frondoso. Podríamos hacer sonar El ocaso de los dioses de Wagner como acompañamiento a este final desolador y tristemente bien hilado, y admirarnos una y otra vez de la riqueza de esta novela, de la autenticidad de sus personajes, su variedad de matices y la sensación de haber asistido a la decadencia no de una familia, sino de toda una época, a cambios sociales que contienen en sí la semilla de la futura Alemania.

Casa de los Buddenbrook en Lübeck

6 comentarios:

  1. Me ha encantado la reseña, Lola. Me has refrescado la memoria, había olvidado a las primas, jeje. :)
    Los Buddenbrook es para mi un libro de cabecera.
    Gracias. :)

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  2. Gracias a tí, guapa.
    Es un libro muy especial para mí también, de esos que no se olvidan.
    Un abrazo.

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  3. Me encantó eso de hacer sonar El ocaso de los dioses, Lola. Acompañar a Thomas en el declive familiar es algo difícil de olvidar.
    Beso.

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  4. Pensé que le iba como anillo al dedo.
    Un abrazo ; )

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  5. Este libro me cautivó la primera vez que lo leí y me volvió a enganchar en su relectura. Creo que estoy a punto de empezar la tercera lectura de esta obra y cada vez, le saco más jugo.
    Gracias por tan buena reseña.
    ¡Nos leemos! :)

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    1. Gracias Abracalibro. Yo también pienso releerlo algún día. ;)

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